Día de Museos

Ciudad de México

Hoy tenemos seis nuevos invitados con nosotros. No contábamos con ellos, pero igual tendrán que seguir con nosotros en el viaje y tendremos que aprender a llevarnos bien, y a conocer los límites de cada uno por una sana convivencia: las ampollas. Tenemos tres cada uno, por la violencia de caminata que nos tomamos hoy, día que dedicamos exclusivamente a visitar los museos más representativos de la Ciudad de México.

Comencemos por el principal: Museo de Antropología de México. No creo que haya calificativo para describir semejante. Valga decir que la primera reacción cuando entramos a la Sala de las culturas del Norte, la primera a la izquierda desde la entrada principal del Museo, fue abrir la boca como un par de bobos, ante la majestuosidad y la grandeza de las muestras que había exhibidas ahí (y eso que no habíamos llegado a las salas Maya, Azteca u Olmeca, que tenían verdaderas monumentalidades en ellas). Desde ahí, el recorrido fue una auténtica caja de sorpresas: ya eran unos restos humanos, o una recreación de una tumba, o un friso monumental lo que encontráramos, en cada uno de ellos había espacio para la admiración y la maravilla, ante tamañas obras humanas. Conmueve y admira. Es una lástima que en mi país no hubiera habido desarrollos superiores a San Agustín.

Me sorprendió gratamente que se pusieran obras también en los jardines, los cuales me parecieron uno de los enclaves más bellos de toda la ciudad.

México es muy rico, es cierto, pero… ¿qué tienen en común varias de las más representativas culturas del país? Varias cosas:

  1. Juego de pelota: cada cultura, como se ve en el Museo, tiene su juego de pelota. La forma se mantiene, pero cambian las consecuencias del mismo: mientras para los Aztecas morían los perdedores, para los mayas era al revés.
  2. Caracoles: para todas las culturas mexicanas, representan el agua, porque su sonido interno semeja el de la lluvia.
  3. Tlaloc, dios del agua. Es común a las culturas, quienes sienten por él especial temor y respeto.
  4.  Las estatuas de “señores acostados” (perdón la ignorancia) que encontramos en varias salas, incluyendo Mayas, Aztecas, Culturas del Golfo y Culturas del Norte.

Después, fuimos al Parque de Chapultepec. Aprovechamos para almorzar allá, en uno de los puestos de comida que quedan cerca a la entrada al Zoológico. Nos enamoramos de unas máscaras de lucha libre, caminamos un poco y vimos el Altar de la Patria. En Colombia, dicho Altar está en la Quinta de San Pedro Alejandrino, y no es tan grande. Quisimos entrar al Museo de Arte Moderno, pero no pudimos encontrar una entrada abierta, así que tuvimos que dejarlo para otra ocasión.

Luego, comenzó la subida del cerro. Llegamos al Castillo después de un corto pero sustancioso trecho, que nos hizo descansar admirando la privilegiada vista de la ciudad, vital a la hora de defender el castillo, como explican.

La verdad, el Museo Nacional de Historia, siendo también bello y teniendo muestras de un pasado que México sólo comparte con Brasil en la región, es muy pálido frente al Museo de Antropología.  No tiene la magnificencia ni la riqueza de éste. Es hermoso, sí; es tranquilo, tiene hermosos jardines y rincones llenos de arquitectura y detalles que sólo se ven en los grandes castillos de Europa, y que disfruté recorriendo. Pero, para los amantes de la antropología y la arqueología, tal vez no sea un lugar que les emocione ni les intrigue.

Desde el Cerro de los Chapulines, bajamos al Sanborns de los Azulejos, donde nos habían invitado a cenar. Nos encontramos con mi prima al final de la tarde, con un viento gélido del que no podíamos escondernos y que nos recordaba que estábamos más al norte de lo que imaginábamos. Nos guarecimos en una iglesia que queda al frente, cuyo nombre no recuerdo pero a la que se accede por escaleras que bajan desde la calle, hasta el momento de la cita. Una vez allá, decidimos que tal vez querríamos algo un poco más revolucionario, y optamos por irnos caminando al Café de la Ópera, donde comimos y pudimos sentarnos cerca del famoso tiro de Pancho Villa.

This entry was published on November 23, 2011 at 3:45 pm. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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