Al norte del DF, y en el fragor de la lucha

Hoy lunes lo habíamos dejado para conocer otro lugar casi obligado de una primera visita a México: las pirámides de Teotihuacán, el sitio arqueológico más famoso del Distrito, y con el que primero se asocia a la Ciudad de México.

Llegar es MUY fácil: baste con ir a la Terminal del Norte -no la de Poniente o TAPO, sino la otra que es más pequeña, y que también queda anexa a una estación del bendito Metro del DF- y buscar la la taquilla de la línea de buses que va a las pirámides. Es sólo una, así que no hay pierde.

El tiquete es barato y se llega más o menos en una hora al sitio arqueológico. Nosotros estuvimos de suerte, ya que había un bus que salía cinco minutos después de nosotros llegar, por lo que no tuvimos tiempo de espera. A poco de subir, se subió un vendedor de gelatinas. Ante el temor de mi hermano, compré una de pistacho; de la cual probó al ver mi deleite, sin dejar de estar preocupado por cualquier consecuencia a corto plazo, como me hizo saber.

Una vez allí, se recomienda contratar los servicios de un guía, que cuestan alrededor de MXN $400. Elevado pero, igual que en Palenque, vale la pena ya que da una perspectiva mucho más amplia acerca del lugar, de sus pobladores y de la historia y particularidades.

Pasamos el día entero subiendo y bajando, siguiendo a nuestra guía que nos contó acerca de la historia de la ciudad y de cómo fueron los aztecas y no los españoles sus descubridores, cuando -camino hacia la futura Tenochtitlán, encontraron la ciudad tal cual como la veíamos nosotros hoy; con sus plazoletas y palacios desiertos de cualquier vida humana.

Después de seguir a nuestra guía por los principales lugares y de conocer los detalles de la vida de la ciudad -como el hecho de que estuviera construida con inclinación para poder derivar las aguas lluvia hacia las zonas de siembra-, nos dejó con una sonrisa frente a las dos pirámides principales: la de la Luna y la del Sol, deseándonos buena suerte.

De nuevo, a subir escaleras. La de la Luna no fue difícil: sólo está habilitada una parte de la pirámide, así que no es un gran esfuerzo subirla, comparada con la del Sol. Cuando nos aproximábamos, nos miramos con cara que se-nos-vino-algo-muy-grande-encima!

Comenzamos a  subir. La pirámide está dividida en cuatro partes, con descansos: el primer tercio, la mitad, el segundo tercio y la cima. Así pues, si se va descansadamente y se goza de buena salud, no es difícil cumplir con el ascenso, como bien pude ver cuando descubrí que ascendimos y bajamos la gran pirámide -cuya etapa final tiene escaleras extremadamente angostas y elevadas- junto con un paseo de ciegos; lo que me dejó pensando en dónde estaba la verdadera discapacidad de un ser humano, cuando volvimos a la tierra y los vimos terminar de bajar sin ningún problema de la pirámide.

Aprovechamos los momentos finales del día para caminar un poco más, comprar algunos souvenirs y dejar que -como a lo largo del día- el viento frío que reina por esta época jugara con el pelo, mientras sonaban las ocarinas de barro.

Llegamos al DF tal como nos habíamos ido; sólo que esta vez, decidimos tomar las escaleras eléctricas y el ascensor, y descansar antes de ir a… la lucha libre!!

La más famosa muestra de folclor mexicano no podía quedarse sin recibir nuestra visita. Hoy en la noche, fuimos a una noche de eliminatorias entre varios pesos pesados -literalmente- de la lucha del país. Había hombres y mujeres por igual

De la lucha, hay que decir en primer lugar que es un ejercicio de histrionismo. TODO es dramático en la lucha: los golpes, el dolor, los luchadores, los animadores, EL PÚBLICO…todo!! La gente se levanta del asiento, grita, se sacude, anima a su luchador favorito -como era una noche de play offs, si se le puede decir así, no teníamos luchador favorito ni conocíamos alguno- y, sobre todo, señala y jura que los golpes que da el contrario son ilegales, haciendo escándalo cuando hay una llave o golpe que se vea particularmente dolorosa.

Es como una telenovela, pero que involucra puños y patadas y llaves, y salidas del ring y saltos que dejarían a otro ser humano que no tuvbiera esa masa muscular necesitando seriamente un soporte para su espalda por un largo tiempo.  Es divertido, muy kitsch de ver, y una experiencia para no perderse cuando se está en México.

This entry was published on November 28, 2011 at 8:36 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: