Un trayecto atropellado

Lima, Perú.

Son las dos de la mañana, y hemos llegado por fin a Perú.

Los camiones cisterna riegan las plantas preparándolas para el día que se avecina; y nosotros, sorprendidos por los edificios barrocos que pasan a toda velocidad por las ventanas del taxi, sólo pedimos que amanezca para salir a explorar…

Más temprano, al medio día del viernes, cerré la oficina  y salí a mi casa, donde ya estaba mi exigua maleta -morral- lista y esperando que comenzara la aventura. Llegó mi amigo Camilo -con quien me iría de viaje  por primera vez.

Sorprendido por lo escaso de mis bártulos, me ayudó a poner el morral en el maletero del carro, y comenzamos la subida al aeropuerto.

El check-in fue normal, la espera estuvo dentro de lo calculado y fue aprovechada para comer algo en vista de la hora. Sólo quedaba subir al avión; al cual subimos después de tomar mi amigo una pastilla.

Sin embargo, dentro del avión la cosa no fue normal: el avión no arrancaba, y estuvimos por lo menos veinte minutos en pista. Al final, el piloto indicó que había mal clima en Quito -primera escala del viaje- por lo que no se podría despegar. Tuve que darle un codazo a mi amigo y halarlo hacia el muelle, al que nos pidieron volver.

Después de un tiempo de esperar -y de que la batería de los teléfonos cayera peligrosamente- y de temer que no estuvieran para esperarnos el taxi del hotel, como habíamos pedido, la aerolínea solucionó el problema  volando directamente a Lima y ofreciendo a quienes llegaban a Quito alojamiento y traslados en Lima, y regreso a Quito en el primer avión.

Al final, aterrizamos en Lima; y debo referirme de nuevo a  la falsa impresión que tenemos los caribeños, y que consiste en que todo aquel Latinoamericano es instantáneamente Caribeño. Aunque el Caribe sea el Mare Nostrum, eso no nos hace automáticamente a todos iguales; y tal diferencia se hace palpable también en la Ciudad de los Reyes.

La primera impresión de Lima la dan el clima y el aire, imbuidos del salitre del mar. El Aeropuerto queda cerca a Callao, por lo que lo primero que uno siente de Lima es la brisa marina. En segundo lugar, hay una incluencia asiática aquí muchísimo más fuerte que en el resto de América Latina. No en vano, Perú fue un puerto de entrada de inmigrantes chinos y principalmente japoneses durante el Siglo XX; quienes cruzaban el Pacífico para hacer su América.

En virtud a esta influencia, el aeropuerto de la ciudad está lleno de letreros en chino y japonés; así como de nacionales de dicho país, que ahora hacen las filas de inmigración como turistas. Hicimos nuestra fila y salimos, por fin, a la entrada del aeropuerto, donde nos estaba esperando el comprensivo taxista.

This entry was published on March 16, 2012 at 8:49 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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