Abril: remoto Japón

Japón es un país con una muy especial relación con la belleza: el respeto de los japoneses por la misma, y su muy particular concepción de ella permean incluso los aspectos más cotidianos de la vida en este archipiélago; y, cómo no, su literatura.

  1. Nieve de primavera: no bien comenzó el mes, comencé a leer este libro; escéptica al principio, pero convenciéndome más a medida que pasaban las páginas.

Éste no es fácil. El estilo de la prosa, la lentitud de la narración y la dificultad de los personajes en dejarse conocer y en revelar cuáles son sus intenciones puede desconcertar al principio y desanimar al lector; pero hay algo, muy dentro de la esencia del libro o, tal vez, dentro de la evoluación del mismo y de sus personajes, que conmueve profundamente, y anima a seguir leyendo después de la impresión inicial.

Es tal vez la sensibilidad que emana del autor al  trasncribir el dolor de la sociedad al enfrentarse a un progreso asimilado con lo desconocido dejando de lado sus valores tradicionales, o la estudiada seriedad con que los personajes se toman su mundo y todos los pequeños detalles decorativos que lo rodean, la dualidad entre la belleza y lo subjetivo; y la utilidad, o lo objetivo. La dualidad es representada en la amistad de los dos personajes principales: Kiayoaki Matsugae y Shigekuni Honda, respectivamente.

O quizpas es la forma en que, como en un lento ballet, todos los personajes evolucionan llegando hasta una trama final de destrucción; pues la belleza está incluso en ésta.

  1. El Amante Japonés fue el colofón del  mes.

Adentrarse en este libro es adentrarse en una vida que esrtuvo marcada por las evoluciones del Siglo XX en Asia. Esta región del mundo, en poco más de ochenta años, pasó de ser una sociedad exclusivamente milenaria, a se una de las sociedades más modernas y pujantes del mundo sin dejar por ello de preservar su idiosincracia.

Este paseo toma su nombre de una parte de la vida de la protagonista que la dejó profundamente marcada; pero no se queda ahí: se desarrolla en el sureste asiático, donde el matrimonio concertado de la protagonista termina en una pronta viudez; y donde su posición material como esposa de un rico terrateniente la lleva a vivir en una casa donde se entrelazan amos y sirvientes en una trama donde el patriarca y Maya, la empleada de mayor edad, aparecen como figura omnipotentes y como símbolos de la paternidad y la maternidad.

Mención especial tiene la muestra de religiosidad: se conocen templos, dioses, prácticas ancestrales e incluso la veneración que surge entre el pueblo cuando son descubiertos los restos del templo en un terreno de la casa. Asimismo, se conoce un poco de la medicina tradicional de la zona, y de la importancia de los

Sin embargo, la mención más importante y universal es al amor: el de la protagonista por su amante japonés (una relación que surgió del deber y ante la invasión japonesa de la península de Malaca en el marco de la II Guerra Mundial, pero que devino en el amor más apasionado, duradero y determinante en el curso de la vida que leemos) y el de la hijastra de la protagonista por Bala, su marido; a quien se une en un momento de enojo, pero quien atempera sus sentimientos y espera sólo hasta el final para hacer la más conmovedora de las confesiones.

Un libro para leer una vida mágica, de una privilegiada espectadora del Siglo XX.

This entry was published on July 30, 2012 at 4:48 pm. It’s filed under Lectura and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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