Para mayo, un Príncipe Resplandeciente

Durante todo el mes, estuve en brazos de un príncipe resplandeciente. Leyendo La novela de Genji (Genji Monogatari), escrita por Murasaki Shikibu, se siente uno recorriendo los palacios del Japón Heian, aquel periodo clásico que, incluso en esta posmodernidad galopante, es añorada en dicho país.

La novela de Genji, además, fue una larga espera por mi parte. Durante ese tiempo  -llevo casi once años buscándola- muy escasas veces había una traducción oficial o una venta oficial de libros para América Latina disponible en las librerías; y, cuando la ofrecían, era muy cara para mi –en ese entonces- presupuesto de estudiante de bachillerato.

Mi espera por la novela se volvió más pronunciada después de leer, en 2004, La Historia de Murasaki, de Liza Dalby. Si bien la historia de su creadora podía ser un poco tediosa –como los momentos en los que se dedicaba a ver la lluvia o los pinos- para una mente occidental, adolescente y muy efervescente como la mía, me llamó la atención la forma en que unía a la trama de la novela sus vivencias, y cómo la escritora plasmó la evolución de Genji gracias a las evoluciones de su propio carácter. Un retrato tan íntimo del proceso de creación me llevó a preguntarme por la obra que había escrito, y a desear poder leerla para ver de primera mano el producto de la pluma de esta mujer.

Ya que la he leído, es inevitable decir que tanta espera valió la pena. A pesar de una narrativa a veces un poco árida –situación que he sentido fuertemente en novelas antiguas, y que achaco a la falta de conectores, surgidos con la evolución de la legua-, la trama es agradable y ofrece un panorama muy vívido acerca de las tradiciones del Japón feudal, anterior a la reclusión de los emperadores y al Shogunato, fenómeno más reciente en la historia de este país.

Asimismo, se abordan temas universales: la seducción, el amor y el matrimonio; pero en el contexto doblemente exótico de una corte asiática en un tiempo ya lejano, lo que lo hace atractivo a los lectores de este tiempo, pues describe con precisión los detalles arquitectónicos, ornamentales y de indumentaria de un tiempo que fue conocido como una era dorada, cuyos resplandores pueden llegar a iluminar incluso hoy.

This entry was published on September 24, 2012 at 4:50 pm. It’s filed under Lectura and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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