La grandeza hecha piedra

Si hay algo que une a todos los hombres del mundo es su deseo de perdurar y de trascender en el tiempo. Y si hay algo que los une más, es su respuesta a esta inquietud, tan vieja como el Tiempo: la Grandeza.

A través de la construcción de grandes edificios, hombres de todos los tiempos, todos los credos y todas los orígenes buscaron acercarse a ese ideal, que ligaron en la mayoría de los casos a Dios o a sus gobernantes, los intermediarios divinos. En el caso de los griegos y romanos, también se reservó la grandeza de la piedra para la vida civil (pues eran pueblos civilizados), como podemos ver en el Foro, la Via Appia o la Biblioteca de Celso en Éfeso.

También lo atestiguan las piedras de Volubilis, importante cruce caravanero en el norte de África que visitamos hoy. Esta ciudad ostentó mucho tiempo una importancia estratégica, al unir las rutas comerciales del Mediterráneo con las del Sahara alrededor del nacimiento de Cristo; pero fue paulatinamente abandonada en favor de otras rutas y, para el siglo V de nuestra era, su nombre había caído en el olvido, dejando unos vestigios imponentes a pesar del paso de los siglos y del relativo abandono en el que los tienen. Las malezas campan en los caminos, los mosaicos que se pueden ver están sucios y a la intemperie y, en general, no hay mucha señalización en el sitio.

A pesar de lo anterior, sigue siendo increíble conocer sus murallas, caminar por sus avenidas enlosadas, ver los edificios del Foro, su Arco de Triunfo y conocer detalles de la vida de los moradores de la ciudad, viendo las termas y los barrios residenciales. Este fue el punto final de nuestra visita a las ruinas de Volubilis, antes de partir a Meknes.

De camino a esta ciudad, fue posible ver de pasada la Villa del Mullah Idriss, un hombre santo que defendió la islamización de Marruecos. Al ser un lugar santo, sólo los musulmanes pueden entrar allá; por lo que no nos detuvimos.

Aprovechamos el trayecto para hablar con el conductor y su esposa, que nos acompañó en el viaje. Quedamos muy aorprendidos al ver que no estaba velada. Ambos sonrieron, y nos dijeron que “el Islam se lleva en el corazón, no en el velo”, y que en ninguna parte se estipulaba en el Corán que su uso fuera obligatorio.

Ya en la antigua Ciudad Imperial, Pipe sacó de paseo a su niño interno al conocer la cárcel de los Cristianos por la que vagamos un rato, en la oscuridad; así como el Mausoleo y el Palacio Real. Para mí fue imposible no pensar en las historias de Angélica; pues en una de ellas, Angélica es capturada y enviada a formar parte del harén del sultán de Marruecos…precisamente en Meknes. El libro retrata la cárcel de los cristianos, el harén del Sultán y el Palacio Real con una fidelidad que ahora puedo ratificar como completa (más acerca de Angélica en mi blog, aquí y aquí).

Entre otros edificios, conocimos también las Caballerizas del Mullah Ismail, mismo que aparece en el libro de Angélica. Este Mullah era tan aficionado a los caballos, que llegó a tener 12.000. De ahí la necesidad de un edificio edificio enorme como el que visitamos para cumplir con el propósito de alojarlos. Debido a su construcción en arcos y a su color amarillo, le encontré un no se qué parecido al Portal de los Dulces en Cartagena, como le comenté a la esposa de nuestro conductor. Sorprendentemente, para ella era también la primera vez que conocía este lugar.

Anexo al edificio de las caballerizas hay un silo igualmente grande, con el mismo tipo de construcción en arcos: el granero del Mullah. Ahí, Ismail guardaba el grano para alimentar a sus animalitos. De un curioso color rosado, sus arcos son todavía más altos que los de las caballerizas y dan al conjunto un aire fantasmal.

También conocimos el Mausoleo del Mullah. Fue el primero que visitamos, y me sorprendió su luminosidad y la belleza de la decoración en el mismo: mosaicos en el suelo con motivos otomanos, una fuente en un patio cubierto de madera muy calada y un mihrab de mármol.

Tras ver esta obra de arte, era hora de volver a Fes, a nuestro hotel y a la última noche en la ciudad de la gran Medina, con estas palabras en mente:

El deseo de grandeza es común a todas las civilizaciones.

This entry was published on August 7, 2014 at 10:01 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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