Límite de edad

Es mi deber hacer una salvedad impopular. Este viaje no es para disfrutarlo con niños. Su duración es larga, implica largas jornadas de caminata al aire libre casi todos los días (o recorridos largos en los museos y sitios históricos) y el sol y el calor son duros (si bien no han sido particularmente inmisericordes conmigo) con el cuerpo humano. Hasta el momento, es normal que se reporten temperaturas de alrededor de 42°C en el día.

Sin embargo, hemos podido ver con sorpresa familias con coches, niños pequeños e incluso bebés hacer frente a todo lo mencionado. Y no nos referimos solamente a turistas locales, sino también a turistas occidentales, que pululan con sus infantes por todas partes, para desesperación de algunos y asombro de todos. Por ejemplo, había niños en el show de derviches al que entramos Pipe y yo hoy en la tarde.

Habíamos comprado la boleta en la Casa Mehlevi, el alojamiento de derviches más grande de Estambul. Actualmente es un museo pero, como su nombre lo indica, en el pasado tuvo un uso religioso. Con la promulgación de las reformas de Attatürk que prohibían la enseñanza religiosa, estos alojamientos vinieron a menos y fueron clausurados; pero esta casa en particular fue restaurada posteriormente y convertida en museo con el fin de facilitar la comprensión de esta mística secta del islam, que no dudó en incorporar a su doctrina elementos cristianos y budistas.

Los derviches son aquellos religiosos que giran sobre sí mismos. Actúan como transmisores de la energía del universo hacia la tierra, y son considerados una imagen típica del país. Ellos presentan sus rituales al público en esta casa, pagando una boleta adicional a la del Museo. En su ritual, dirigido por el Maestro o Califa, hacen una meditación y una serie de reverencias rituales antes de entregarse a sus giros, donde pueden llegar a alcanzar un estado de éxtasis.

Tras salir del Museo, paseamos por el barrio Pera. Este barrio fue un enclave genovés desde los tiempos en que Estambul era Bizancio y sólo se extendía por una de las orillas del Bósforo. Su neutralidad fue clave para que la Roma Griega cayera finalmente en manos turcas en 1.453; pues Génova, una de las ciudades estado italianas más importantes de la época, no envió refuerzos navales a la asfixiada Bizancio, que cayó pidiendo ayuda a las diferentes cortes europeas.

Es en este barrio que queda el famoso hotel Pera Palace. Aquí todavía tienen en exhibición las sillas de manos que usaban en tiempos de los otomanos para transportar a los huéspedes del hotel desde la estación de tren. El PEra Palace fue el hogar en Estambul de Agatha Christie y uno de los sitios donde pudo haber estado la escritora cuando desapareció misteriosamente por diez días, dejando a Inglaterra en vilo. Fue aquí, precisamente, donde ideó más de una trama de sus novelas de misterio, particularmente “Asesinato en el Expreso de Oriente”.

Paseando por el barrio, ascendimos hasta la Torre Gálata. Desde ella se aseguraba la cadena con la que se obstruía el paso al Cuerno de Oro. Junto con el fuego griego, esta cadena consistía parte del arsenal defensivo de Bizancio, y una de sus ventajas comparativas a la hora de enfrentar un asedio. Es posible, por supuesto, ascender los peldaños de la torre; y encontrarse con una hermosa vista del Bósforo una vez se llega al mirador de la misma.

El paso del tiempo, sin embargo, pronto hizo que la ciudad de expandiera más allá de sus muros medievales; dando así origen a varios vecindarios, entre ellos Besiktas. Fue en este barrio donde comenzó nuestro recorrido el día de hoy, visitando el Palacio Dolmabahce. La extravagante residencia de los últimos sultanes otomanos deslumbra por su mal gusto antes que por su suntuosidad; a pesar de declararse con orgullo como el lugar con las lámparas de Baccarat más grandes del mundo.

Caminamos también por el barrio Kadikoy, de muy buen ambiente y sede de la Universidad. Allí, nos tomamos un delicioso jugo de sandía en una de las muchas cafeterías que se encuentran, mientras tomábamos fuerzas para volver al hotel.

Decidimos poner fin a todo este cansancio de la mejor manera: con un crucero por el Bósforo tomando té de manzana, mientras vemos como el resplandor dorado y rojizo del verano envuelve la silueta de la ciudad, recortando perfiles de mezquitas, minaretes y palacios contra el cielo, justo antes de que caiga la noche.

This entry was published on August 16, 2014 at 10:55 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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