Las tierras de las Cruzadas

San Juan de Acre, Israel

¿Qué hacen tres colombianos caminando en un barrio residencial de Jerusalén a las 7 a.m? ¡Pues ir al tren, por supuesto!
Salimos temprano en la mañana, pues el tren se demora sus buenas tres horas en llegar al norte del país, buscamos el bus que lleva a la estación de trenes (nada difícil si tienes GoogleMaps y la ayuda de un amable par de vecinas ancianas, que nos dijeron dónde quedaba el paradero de esa ruta específica de bus, dos cuadras debajo de nuestro hotel) y, de ahí, nos fuimos hacia Akko.
¿No suena familiar? Es porque nosotros la conocemos como San Juan de Acre, principal puerto medieval de Tierra Santa y capital del segundo reino cruzado en esta zona hasta su
caída a manos de los mamelucos en el siglo XIII. Debo confesar que mi nerda interna de 8 años dio tres vueltas y dos giros mortales de alegría al saber que Akko estaba en Israel y no en Siria, donde equivocadamente la había situado; y que por lo tanto era posible visitarla en el tiempo de la estadía, para lo cual reservé un día.
Llegamos a la estación de trenes después de un viaje bastante largo en bus urbano, que nos dio la oportunidad de apreciar el muy especial aspecto de los muchos judíos ortodoxos que viven en Jerusalén; de pasar por barrios de todo tipo y de conocer incluso un centro comercial cercano.
A todas estas, no habíamos desayunado. Por lo tanto, tras comprar los tiquetes, fuimos a buscar algo de comer, teniendo lugar la siguiente escena:
-Señorita, ¿no tiene sánduche con carne?
-No; tenemos con atún y con vegetales.
-Perdone, ¿por qué no tiene con carne?
-Es que no es Kosher poner carne entre dos panes…
*Se giran hacia mí…*
-¿Qué es “kosher”?
-Kosher quiere decir que es hecho de acuerdo con la ley religiosa de los judíos.
*(en español)*
Vida hij…….
(a la señorita, en inglés):
-Deme uno de atún por favor.
Abordamos el tren, que sale de forma pasmosamente lenta por los valles que rodean Jerusalén. La velocidad se debe a que es una “ruta panorámica” que cubre el paso por la zona donde se libró una de las batallas por la independencia del país. No obstante, pronto habrá habilitada una línea de alta velocidad conectando ambas ciudades. Dirigiéndonos hacia el norte, nos sorprende la cantidad de soldados que toman este transporte. Se
nota que están de permiso, pues -a pesar de mantener su arma a la mano-su porte es más relajado, no llevan puestos los zapatos del uniforme y llevan una tula con lo que, también asumo, son sus pertenencias.
Después de tres horas y un transbordo llegamos a Akko. Nuestra estación queda en la ciudad moderna, por lo que caminamos un muy buen trecho que incluyó una escala en una panadería ante la insuficiencia del desayuno en la estación, y para comprar nuestra sempiterna botella de agua.
Llegamos por fin al centro de visitantes, localizado en una parte del Castillo de Akko, y rodeado por un jardín literalmente centenario por donde, me atrevo a pensar, se podría haber paseado la misma Leonor de Aquitania. Alquilamos unas audio-guías y nos vamos a recorrer.
Son dignas de menciónlas murallas: macizas, altas, llegan directamente contra el mar y defendían el boyante puerto y sus negocios de los ataques de piratas y armadas enemigas.
Asimismo, el propio Castillo de los Hospitalarios, cuya imponente mole se convirtió en un museo que cuenta la historia de la ciudad y del Segundo Reino de Tierra Santa; el Túnel de los Templarios, que lleva desde las cercanías del castillo hacia las murallas; y la Galería de Arte, que esta vez tenía una interesante exposición acerca del ballet.
Son lindos también el hamman y el Museo de la Muralla, aunque éste se enfoca no tanto en la historia de las batallas de la ciudad, sino en objetos de sus pobladores.
No nos dimos cuenta, y el tiempo pasó. Nos encontramos -pues nos habíamos dividido- y llegamos a la estación justo a tiempo para tomar el último tren a Jerusalén.
En el trayecto, un amable estudiante nos pregunta de dónde somos y qué hacemos allá, en lo que él llama “un país en guerra”. Nos sonreímos, y le explicamos que simplemente nosotros pensamos que, mientras esas cosas pasaban, la vida seguía; y que había que tener fe sobe todo en la bondad de la Humanidad. Sorprendido, volvió a estudiar a su mesa. Por novelería, nos metimos al centro comercial que queda al lado de la estación, donde pudimos ver de nuevo la cantidad de soldados de permiso. Esta vez vimos uno que, son fusil y todo, se metió al equivalente de una Tienda de los Sentimientos para buscar un detalle a su novia.
Sorprendidos por la escena, tomamos el bus de regreso al hotel; cuando nos encontramos a un soldado sentado junto con su fusil de dotación -descargado- a lado del único asiento disponible. Tras el momento de susto, y de darnos cuenta de que el mismo no tenía  proveedor instalado, decidimos de todos modos irnos a la parte trasera del bus, que nos condujo cerca al sitio donde había comenzado nuestra aventura esa mañana; cerrando así nuestro día.
This entry was published on August 26, 2014 at 12:30 pm. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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