Felucas, obeliscos y chilabas

Alta presa de Asuán, Egipto

Al amanecer, llegamos a Aswan, capital histórica de Nubia y frontera tradicional de Egipto, al estar justo debajo de la primera catarata del Nilo, recorriéndolo hacia el sur.
Históricamente, los faraones tenían en esta ciudad una guarnición y una fortaleza, para proteger su dominio sobre Nubia y sobre las fuentes de oro que ésta proporcionaba al Imperio.
Al mismo tiempo, la ciudad fue la cantera de Egipto desde tiempos antiguos hasta bien entrada la era romana: de allí salían con rumbo al norte las suaves areniscas y los duros granitos bajo la forma de obeliscos y bloques de piedra, para construir templos, palacios, pirámides y otros edificios oficiales.
Atrás quedaron los paisajes nilóticos de tierras de cultivo a los que nos acostumbraron los victorianos: aquí, el cambio en el paisaje entre el Valle del Nilo y las dunas del desierto que se extienden justo detrás de su cauce es simplemente abrupto: el contraste es marcado y la luz más dura, como dando a entender que marchamos hacia tierras que fueron en su momento mucho más inhóspitas.
El itinerario estuvo movido: entramos en la ciudad en la mañana, pasando las esclusas de la Alta Presa, que marcan el lugar donde habría estado la primera catarata; y pasamos cerca de Elefantina y de Philae, el famoso templo dedicado a Isis donde, cuenta la leyenda, se casaron Cleopatra y Julio César cuando éste estuvo en Egipto. El templo, igual que los de  Edfu y Kom Ombo, fue construido por los Ptolomeos, los faraones griegos del país, descendientes del general de Alejandro Magno que fundó la dinastía a la muerte del rey macedonio.
Pasando la alta presa, pudimos ver de nuevo el agresivo comercio egipcio hacia el turista: los vendedores se paran a lado y lado del barco -que está pasando por un pasaje estrecho- y comienzan a tirar chilabas y otros objetos hacia la cubierta del barco, donde estábamos todos viendo el paso de las esclusas. El turista a quien le interese algo, lo recoge o lo recibe, y comienza el regateo del precio con el vendedor. En caso de no llegar a un arreglo satisfactorio, se arroja de nuevo el objeto por encima de la borda. En caso de llegar a un arreglo, se tira el dinero, por loco que suene.
Nuestra primera salida fue en la mañana, a conocer la cantera de Aswan, parada obligatoria en esta ciudad. Dentro de ella cual conocimos su famosos Obelisco Inacabado. Este habría sido el más grande del mundo y habría estado en Karnak, si no se hubiera quebrado cuando estaba siendo esculpido en la cantera y hubiera tenido que dejarse abandonado justo allí.
Después de un almuerzo a bordo del barco, nuestro guía nos consiguió una feluca para dar un paseo hasta la Isla Elefantina y regresar al barco, atracado en la orilla occidental del Nilo. Estas barcas, cuya estructura consiste en aquel tipo de barco que en Colombia llamamos Piragua, junto con una enorme vela triangular en su único mástil, han servido desde los tiempos faraónicos para navegar el Nilo como si éste fuera una autopista: con la vela arriada, se sigue la corriente hacia el norte; con la vela extendida, se sigue el viento hacia el sur.
En mi opinión, y sin demeritar su contribución a la civilización egipcia, son algo bastante parecido auna moto acuática y tanto más inestables debido al tamaño de su vela. En más de un viraje hecho por la nave sentí la cercanía del río con mi espalda, y creí verme en la imperiosa necesidad de sujetar la cédula con los dientes, como para que las autoridades supieran a quién se habían comido los cocodrilos o los hipopótamos. Recuerden: estamos en Nubia, ya dentro de África, y en el río los humanos somos una presa más…
Después de un paseo que, confieso, fue tan divertido como asustador, nos bajamos en la orilla del río, y decidimos caminar por los alrededores. Encontramos un pequeño bazar a eso de una cuadra y estuvimos alrededor de una hora en él, negociando unos vasos canópicos para llevar a casa.
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No está muy recomendado que los turistas hagamos eso por motivos de seguridad, pero el bazar estaba relativamente cerca y era pequeño (una cuadra de ancho por tres de largo), manejable para alguien que no hablara árabe; por lo que no fue una experiencia riesgosa. No obstante, en nuestro camino de regreso, hicimos un hallazgo interesante para esta familia de dulceros: un McDonalds, construido a la orilla del Nilo.
Sin dudarlo, entramos y, aparte del aire acondicionado, muy apreciado por algunos, pudimos comer un cono de McDonalds mientras los últimos momentos de la tarde en la puerta de Nubia nos hacían dar prisa para volver al barco y seguir viaje.
This entry was published on September 4, 2014 at 1:44 pm. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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