Cartas para ir a ver a Van Gogh

Van Gogh Alive ha estado en exhibición en los últimos dos meses en Medellín. No es una exhibición como tal de las obras originales del maestro holandés; sino que a través del video busca hacer un recorrido a lo largo del mundo y acercar al público a su vida y obra; las cuales –como es usual en un artista, y sobre todo en Van Gogh, atormentado por las enfermedades mentales- se entrelazan continuamente.

Van Gogh no sólo fue un pintor prolífico: su abundante correspondencia con su hermano Théo abarca varios períodos de su vida: comenzó cuando salió de la casa paterna para trabajar en el comercio y fue interrumpida abruptamente con la muerte del pintor. Con posterioridad, ésta fue agrupada en un libro organizado cronológicamente bajo el nombre Cartas a Théo.

Éste fue el regalo de mi amiga Isa; que recibí de cumpleaños y que leí en este mes, para preparar nuestra salida a la exposición; que por cierto disfruté muchísimo y recomiendo a quienes quieran conocer un poco más acerca de este maestro.

Suena engañosamente sencillo hablar del género epistolar.  “Cartas”, siendo simples. Sin embargo, hay una razón por la que la correspondencia ha conservado su encanto a lo largo de los siglos; y es que esos escritos (muchísimo de ellos manuscritos, archivados y utilizados como fuente histórica y bibliográfica cuando cumplen ciertos requisitos), abren una ventana al mundo interior de los corresponsales y permiten conocer la forma en que evaluaron los acontecimientos personales e históricos; y cómo éstos los afectaron a su vez.

El epistolar es un género muy poco utilizado, ya que se considera un poco “materia prima” para otros trabajos; pero permite un conocimiento de primera mano, sin pasar por el filtro de la cita o la interpretación del autor, de aquellos pensamientos que motivaron un giro particular en la Historia.

Para este caso, se trata de la historia personal de Van Gogh; vista a través de la correspondencia con su hermano Theo. Sus pensamientos, temores, anhelos y esfuerzos se desvelan en esta conmovedora sucesión epistolar; casi llevándonos de la mano hasta el momento fatídico en que, en un campo de cuervos y en circunstancia que no están del todo esclarecidas, el pintor holandés disparó contra su pecho y puso fin a su sufrimiento; pero también a su arte.

This entry was published on July 20, 2016 at 11:07 am. It’s filed under Lectura and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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