Mi sueño traqueto: una biblioteca como la de la Bestia, o como la del Nombre de la Rosa

Comienzo por definir “traqueto”, ya que es una palabra colombiana que tuvo hasta hace muy poco tiempo poco reconocimiento fuera de nuestras fronteras. Este personaje (hombre o mujer) es aquel que se ha enriquecido súbitamente con ciertos comercios ilícitos relacionados con la exportación de harina a Estados Unidos y Europa; y que, en consecuencia de lo cual, lidera una cierta organización con algún nivel de secretismo.

En virtud de su súbito ascenso social –porque, generalmente, tienen un ascenso tan vertiginoso como sus logros económicos y criminales- el traqueto no alcanza a desarrollar algún grado de buen gusto; y sus deseos de demostrar solidez económica muy pronto se manifiestan en una colección de bienes mostrencos que, en los mejores casos, hacen levantar la ceja y fruncir las comisuras de la boca; y en el peor, producen cicatrices en la cara de la ciudad.

En Medellín, desgraciadamente, hemos tenido varios de estos últimos casos, lo que ha visto afectado el aspecto de la ciudad en los últimos veinticinco años

Así pues, cuando hablo de un “sueño traqueto”, me refiero a un sueño mostrenco y mostrón; que sería de absoluto mal gusto convertir en realidad, incluso si pudiéramos; pero que nos permitimos tener porque suscita alguna que otra risa en nuestro fuero interno.

En particular, cuando hago referencia a mi Sueño Traqueto, pienso en bibliotecas; en particular, en dos de ellas que sólo existen en la literatura: la de la Abadía benedictina donde tiene lugar El Nombre de la Rosa; y la biblioteca del castillo de la Bestia. Si hay una habitación que me fascine en una casa, es la biblioteca, porque me permite conocer de primera mano los gustos y parte de los pensamientos de los dueños de casa.

Admito además sin vergüenza que pertenezco al segundo grupo de chicas de la ilustración principal del este post. Me encantaría la Biblioteca de la Bestia! (…pues, la Bestia también, ya que estamos…)

Así las cosas, comencemos por la biblioteca del Nombre de la Rosa:

Guillermo de Baskervile y Adso de Melk se introducen a hurtadillas, en la noche, a recorrerla en busca de pistas que los lleven a descubrir la cadena de asesinatos que preocupan al Abad. La Biblioteca, que Eco describe con maestría, se muestra tenebrosa, elusiva, silenciosa, peligrosa…y siempre fascinante en su laberíntica y terrible grandeza.

Al leer el Nombre de la Rosa, lo que más me gustó y al mismo tiempo me estremeció fueron las descripciones de las entradas de Guillermo y Adso a la biblioteca, y el suspenso que proporciona el riesgo al que se exponen los protagonistas. Adicionalmente, que la entrada a la biblioteca esté  prohibida y que se quiera contener el conocimiento que hay en ella como si se contuviera una enfermedad por parte de la comunidad de monjes, la hace más atractiva y casi un punto focal de la Abadía.

Por otro lado, la biblioteca del castillo de la Bestia –que sale mucho menos en el argumento de la trama- parece ser completamente distinta a la de la Abadía. Aunque sigue siendo de uso restringido, pues sólo los protagonistas de la historia tienen acceso a ella, es amplia, muy  iluminada, cuenta con suficiente espacio para leer con comodidad y además está dotada de otros objetos de estudio, como telescopios y globos terráqueos, que se asocian normalmente con este entorno y con el siglo en que se desarrolla la trama. En esta biblioteca, los libros no son vistos como algo para contener, sino para cuidar: como un tesoro que hay que cuidar y que debe disponer de un espacio apropiado para su tenencia.

¿Por qué son mi “sueño traqueto”? Primero, por el tamaño: ambas son bibliotecas enormes; así que perderse en ellas es algo que puede –y suele- suceder. En estos tiempos en que el metro cuadrado está particularmente caro, no es posible llevar a cabo tales sueños, por física falta de espacio.

Segundo, por los contenidos de ambos lugares: ambas colecciones sin duda son curadas por sus bibliotecarios; por lo que debe ser fascinante la colección de libros de ambas bibliotecas. Tercero, porque ambas son lugares icónicos en la literatura; es decir, son lugares únicos, reconocibles, deseables y deseados. ¿No cumplen, pues con las condiciones para ser un sueño traqueto?

Dos bibliotecas, dos estilos y dos épocas diferentes. Ambas –dejando ya de lado el humor- han influido en mí; pues ha sido gracias a sus descripciones que deseo una biblioteca. Más pequeña y, sin duda, mucho más sobria; pero ante todo, con una colección seleccionada por mí y para mí.

This entry was published on May 30, 2017 at 8:48 am. It’s filed under Lectura and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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