Naricita

Naricita es una de las lecturas más importantes en mi infancia. Para mí es imposible siquiera pensar en este proyecto sin mencionar a la niña del Benteveo Amarillo; y sería una ingratitud imperdonable no comenzarlo por ella y por sus muchas historias.

Podemos comenzar por decir que Naricita no es una historia; son muchas historias, repartidas en 23 tomos que mis abuelitos compraron para mi mamá y mis tíos. Tienen, por supuesto, un fin didáctico; ya que –en palabras muy sencillas y recurriendo a ejemplos- ilustran para los niños conceptos de astronomía, zoología, matemáticas, geografía, historia, gramática e incluso, sorprendentemente, la industria petrolera.

Pero, después del fin educativo, encontramos en Naricita una pléyade de personajes entrañables que hacen que los niños sintamos (y lo digo en primera persona del plural, porque tuvo ese efecto  en mí) gusto por lo que estamos leyendo:

Están, en primer lugar, Naricita (Lucía) y Perucho. Son los nietos de doña Benita, que la van a visitar todos los veranos al Benteveo Amarillo, su hacienda en algún lugar de Brasil. Traviesos, alegres, pronto encuentran junto a su abuelita y a los demás personajes que los esperan cada verano toda una serie de aventuras que van desde cambiar abruptamente de tamaño, hasta aprender de historia.

Doña Benita es la dueña del Benteveo Amarillo; y es la abuelita de Naricita y Perucho. Cada verano, cuando sus nietos la visitan, la buena señora –como en muchas ocasiones la llamó Monteiro Lobato- los acompaña en algunas de sus aventuras por el universo conocido; y por los terrenos de lo desconocido. Es quien cuenta historias a sus nietos y quien da alas a su imaginación para que lleguen hasta los confines del universo, desde ese pequeño rincón de Brasil.

Tía Anastasia es empleada de Doña Benita. Han vivido juntas mucho tiempo; y es quien se encarga de las labores domésticas en el Benteveo Amarillo. A partes iguales, teme a los niños, por sus travesuras; pero los consiente, por su dulzura. Valga decir que algunas actitudes hacia Anastasia son de plano muy racistas, lo que ha provocado protestas por parte de la sociedad; pero también vale la pena anotar que esas actitudes, desgraciadamente, eran muy normales en América Latina y, de manera soterrada, lo continúan siendo.  Para más datos en la polémica acerca de Tía Anastasia, ver aquí y aquí.

Emilia es la muñeca de Naricita. Imprudente y más bien ácida cuando no mordaz, representa el espíritu aventurero falto de cuidados. También puede tomar comportamientos un poquito infantiles; como una especie de surrogate de Naricita, que generalmente tiene un papel maternal menos propio de una niña cuando están de aventura sin Doña Benita.

El Vizconde de la Mazorca es el sabio distraído del lugar. Fue creado por Anastasia a partir del maíz; y es quien da lecciones a los niños acerca de los temas más técnicos, como la astronomía, las matemáticas o la gramática.

Quintín es un rinoceronte que aparece por primera vez en el quinto volumen, y sigue viviendo en el Benteveo a partir de su encuentro con Perucho. Es un ser tranquilo y muy racional, que complementa al Vizconde en sus conocimientos técnicos y que también da cierto toque de racionalidad a las aventuras de los niños.

Para mí, el personaje más fantástico de todos era Doña Benita; quien me recordaba tremendamente a mi abuelita Jenny. Era una abuelita fantástica, que jugaba con sus nietos, les contaba historias para desarrollar su imaginación, les enseñaba un montón de cosas y además los acompañaba en sus aventuras. Era una abuelita abierta de mente y de corazón enorme, donde había siempre sitio para todos; justo como mi abuelita.

Luego de los personajes, están los temas. En este apartado, Lobato seleccionó una variedad muy amplia; que van desde lo fantástico, hasta lo técnico y científico: con Naricita y Perucho, subí al cielo para ver de primera mano los planetas y asteroides; lo que creo que influyó con seguridad en mi amor por la astronomía. Recorrí el Partenón mientras lo construían; fui al Circo de los Números y viajé al País de la Gramática después de cazar bestias africanas en Uganda; para –ya al final de la serie- formar parte de la Junta Directiva de la Doña Benitense de Petróleos y hacerme amiga de un ángel al que le dio por caer al jardín de Doña Benita.

Gracias a la imaginación de Naricita y Perucho, dos niños de la ciudad que visitaban todos los veranos a su abuelita Doña Benita en su hacienda del Benteveo Amarillo, en algún lugar del Brasil, pude pasar muchas horas, muchísimas tardes de sábado construyendo mundos en mi imaginación, mientras saciaba la curiosidad que todos los niños tienen del mundo de la mejor manera.

Los dejo con la inolvidable serie de portadas de los libros, que encontré en su mayor partes, mientras peregrinaba por Internet:

This entry was published on July 14, 2017 at 12:07 pm. It’s filed under Lectura and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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