Día del Simulacro en la oficina

Hace una semana fue el Simulacro Nacional de Evacuación. Casi toda Colombia dedicó una parte de su tiempo ese día a prevenir cómo reaccionar ante una eventual tragedia…de las cuales, cada entidad podía elegir en virtud a la más probable o a la que estimaban más catastrófica. Sin embargo, a pesar de los partes positivos de la mayoría de las entidades participantes, creo que hay algunas cosas que no tomaron en cuenta…en los edificios de oficinas.

Para empezar, el riesgo de una estampida es inminente. Debido a las condiciones de seguridad imperantes en la ciudad los últimos treinta años, hemos obstaculizado la entrada a nuestras oficinas con talanqueras, puertas interiores y demás artilugios que hacen el paso de personas y mercancía más estrecho (y más fácil de controlar). Desgraciadamente, esto también ralentiza la salida en caso de una emergencia, y hace a las personas más susceptibles a un ataque de pánico que derive en una estampida al no poder alejarse del peligro rápido. Evacuaciones que deberían tomar segundos (pues de cada uno de ellos puede depender una vida), toman minutos y aumentan el riesgo de que este comportamiento se produzca.

Adicionalmente nunca (énfasis en el nunca) evacúa la cantidad de personas que se supone trabajan regularmente en el edificio. En mi caso, casi todas las firmas comisionistas de bolsa más grandes de la ciudad trabajan en mi edificio; y no van a parar (y les doy tristemente la razón en ello) pues el sistema transaccional de la Bolsa no para el Día del Simulacro. Se perdería muchísimo dinero en operaciones bancarias y financieras si los operadores del mercado se suman a la evacuación. La solución de compromiso entonces es enviar a entre cinco y diez administrativos representando a ciento cincuenta personas que trabajan habitualmente en el sitio; para que sean los guías en caso de una emergencia. Con este comportamiento, y volviendo de nuevo al tema anterior, nunca será posible conocer realmente los límites del soporte de las estructuras y los sistemas de acceso y salida de las oficinas; y si se presenta (o no) una situación de estampida.

También noto falta de compromiso por parte de quienes participan en el simulacro. La gente sale caminando tranquilamente, como si fuera una oportunidad para salir a tomar el sol, charlar con los colegas, ver quién más salió y desayunar lejos del escritorio. Nunca se sintió como si las personas estuvieran participando en una actividad que busca crear consciencia en todo el país frente al riesgo.  No sé, en este aparte, si es algo de negación de la realidad; o si es parte de nuestra forma latinoamericana de ser, que se enfrenta a las emergencias cuando suceden y no las prepara para tener una guía de qué hacer antes de que sucedan.

Un último tema lo dedico a las plantas generales de los edificios de oficinas, que en sí mismos son una trampa mortal.  Comprendo que deba primar la forma sobre la función. A mí también me gusta rodearme de belleza en mi vida diaria, y los edificios ciertamente son hermosos. Pero en ellos, la evacuación se hace vía escaleras, de las que solamente hay una por cada edificio; los cuales alcanzar casi quince pisos de altura. No creo que eso sea muy eficiente. Por último, y pido perdón por volver al tema, las salidas suelen ser únicas y además estrechadas por dispositivos de seguridad.

Voy a hacer una comparación dolorosa. La primera vez que evacuamos el colegio donde estudié, cuando tenía trece años, nos demoramos 20…segundos. Mil seiscientos niños y cien profesores evacuamos en ese tiempo…y nos ganamos un regaño por parte de las directoras, pues debimos haberlo hecho en quince segundos. Alcanzamos esa meta justo el año en que me gradué. En simulacros previos, he llegado a contar hasta quince minutos en que la gente salía, salía y seguía saliendo. Seamos francos, eso en un terremoto no ocurriría: ya estaríamos muertos o sepultados entre escombros, listos para ser la próxima historia milagrosa en el cubrimiento mediático.

Frente a algunos de estos factores, que muy adecuadamente toman el nombre de “estructurales”, poco hay para hacer. Hay que optimizarlos y reducir su impacto de la mejor manera posible. Frente al resto…falta muy buen camino por recorrer.

This entry was published on November 3, 2017 at 9:00 am and is filed under Reflexiones Financieras. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “Día del Simulacro en la oficina

  1. Miriam on said:

    Es cierto, cuando yo trabajaba, era igual y eso hace 12 años😮 increíble que aún no haya conciencia del riesgo 😡. Confieso, solo supe que había simulacro nacional, ese día en la noche😶

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