Decoración de interiores

Voy a hablar de un tema que riñe un poco con el libre desarrollo de la personalidad, tan protegido en Colombia. Voy a hablar de decoración de interiores…en la oficina.

Personalmente, pienso que tiende a ser innecesario decorar los puestos de trabajo con nada que no sean implementos del mismo. Es decir, yo soy de esas amargadas que no sólo no tienen ninguna foto; sino que aman tener el escritorio vacío de adornos y lo más impersonal posible. Escasamente, tengo mi cuaderno de trabajo, mi bloc de papelitos, mi calendario y mi botella de agua a la mano; como para decir que, efectivamente, ese es mi sitio de trabajo.

Infundada como es (pues nuestros espacios de trabajo son aquellos en los que pasamos la gran mayoría de nuestro tiempo en el día), creo que esta austeridad puede corresponder a un resultado inesperado de mi educación. Crecí en un colegio donde no se acostumbraba a personalizar los espacios más allá de transición; por lo que suelo concentrarme mejor en espacios más impersonales. Me distraigo muy fácilmente si estoy en un espacio más lleno de elementos a los que puedan saltar mis ojos o mi atención.

Partiendo de la base de que la rara soy yo (como en muchas otras cosas), veo perfectamente lógico que las personas busquen decorar aquellos espacios en los que se mantienen y que, muchas veces, les son asignados casi que a dedo. No es sólo una manera de mantener el ánimo, o de recordar a sus seres queridos. Es también una manera sutil de marcar el territorio propio y de expresar su personalidad en el trabajo así ésta sea, paradójicamente, muy similar a las de los demás. Se me viene a la cabeza alguna ocasión en 2009, en la que caminé por una sala común de trabajo, y pude ver los cubículos de trabajo de alrededor de unas veinte personas mientras pasaba. Casi todos los cubículos tenían estos elementos decorativos: una bandera de Colombia, una Virgen u otro objeto religioso; y una foto de Álvaro Uribe, quien era Presidente en ese momento.

Otro ejemplo pintoresco, también en la Alcaldía, es el de un funcionario local a cuya oficina entré una sola vez, hace ya casi diez años. Una oficina oscura, en un rincón, en el tercer piso de la Alcaldía; que estaba, además, literalmente llena de crucifijos. No había ningún espacio en las cuatro paredes de su oficina que estuviera disponible.

Creo, no obstante, que también hay ciertos límites que no hay que traspasar en cuanto a oficinas. Adornos excesivos, que tapen la cara (si es una oficina abierta), que afecten el entorno de trabajo de alguna manera o entorpezcan el desempeño del dueño. Límites, mejor dicho, que tienen relación muy estrecha con el sentido común.

This entry was published on January 19, 2018 at 9:00 am and is filed under Vida oficinera. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

2 thoughts on “Decoración de interiores

  1. 😆 vírgenes,santos,fotos del último paseo de olla, tarjetas con corazones 🤣

  2. Pingback: La Religión y la oficina | Through the looking glass

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