La Plebe

La plebe, o mejor dicho White Trash, fue el primero de los dos libros seleccionados para formar parte de mi reto lector en enero de 2018. Lo compré en un viaje a los Estados Unidos, donde está ocurriendo un interesante revisionismo de su Historia, que está llevando a analizar más detenidamente fenómenos como la elección de Donald Trump como Presidente de ese país; hecho que está íntima y directamente ligado al tema del libro.

La existencia (más o menos clandestina) de clases sociales y, más específicamente, de clasismo dentro de la autodenominada “sociedad más igualitaria del mundo” condujo a un sentimiento de abandono continuo del Estado percibido por los ciudadanos blancos de clase trabajadora de ese país. Los que han sido denominados a lo largo de los siglos “comedores de tierra”, “plebe de parque de tráiler”, “basura blanca” y mucho más. Este ha sido tradicionalmente capitalizado por los políticos, según demuestra Isenberg a lo largo de su obra.

La autora hace trizas uno tras otro todos los mitos fundacionales de los Estados Unidos a lo largo de las 321 páginas del libro; y se lleva por delante, de paso, la afirmación aquella según la cual “solamente existe la clase media en los Estados Unidos”. Para haber clase media, refuta Isenberg con agudeza, deben forzosamente existir otras dos: la alta y la baja. Si no, ¿cómo vamos a saber qué es la clase media?

La lectura es oscura; brutal incluso, para aquellas personas acostumbradas a la pastoral de la Historia Americana. Esos somos casi todos, porque la Historia de los Estados Unidos ha estado moldeada por la Doctrina del Excepcionalismo Americano y, con excepción de la Guerra Civil y su relación con el final de la esclavitud en el país, no se suelen mencionar conflictos o tensiones internas como las presentadas por Isenberg.

De entrada, y como para que no haya equívocos con la forma en que va a dirigir el argumento del libro, ella titula el primer capítulo “Taking out the trash” (sacando la basura). En él, explica los planes del Gobierno de Isabel I de poblar las colonias con el mismo material que trajeron los españoles a nuestras tierras: la escoria de sus prisiones. Con esto, reducían el riesgo de su apuesta en el Nuevo Mundo; pues los recursos humanos que enviaban para conocer, poblar y adentrarse en él eran no sólo baratos, sino fácilmente reemplazables.

Esta noción de que son baratos, reemplazables e invisibles (por efecto de la expansión continental del país los últimos trescientos años) es puesta de relieve por Isenberg a lo largo de su libro; rigurosamente bien sustentado con datos, hechos y cifras incluidos en las 141 páginas adicionales de referencias bibliográficas que acompañan esta lectura.

Como material, es un libro que es denso; pero cuya lectura creo que es casi un deber moral acometer. No sólo porque con ella visibilizamos un conflicto latente de clase y de raza con importantes consecuencias en el futuro; sino porque abordamos una realidad incómoda que necesita ser examinada para poder seguir todos, juntos, al futuro.

Por si quieren conocer más acerca del libro, les comparto el vínculo a la reseña de The New York Times, que encuentran aquí.

This entry was published on February 5, 2018 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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