Fútbol en la oficina

Como si no fuera suficiente con las Elecciones de este año para rarezas, también veremos mucho fútbol. En Colombia, el Mundial y los años electorales siempre coinciden; así que el tema será también de obligatoria discusión en todas las oficinas del país.

A diferencia del 99% de éstas, entre nosotros solamente hay dos personas amantes del fútbol. El resto (seis personas) podemos pasar perfectamente sin él. Y como sé que, de plano, somos rarísimos para los estándares colombianos, aprovecho este artículo para hacer un repaso de aquellos rituales oficineros que comienzan a tener lugar en tiempos mundialistas y de los que, hasta el momento, me he escapado por los pelos:

  • Polla: polla es como le decimos a una apuesta. Y no es, digamos, una apuesta de cuál selección gana la copa. Se trata de una apuesta muy específica: marcador por marcador; partido por partido y fase por fase. Es decir, quien gane la polla de un determinado partido, no solamente dijo qué selección ganaría; sino por cuántos goles anotados frente a cuántos goles anota el equipo rival. Si nadie atina la polla, ésta se acumula para el próximo partido; por lo que se pone más jugosa. Todo un homenaje a la crianza de aves de corral.
  • Salida a comentar el partido: es ver el partido con los compañeros de trabajo desde cualquier lugar que no sea la oficina. Dependiendo de la hora del día y del día de la semana, puede o no haber alcohol involucrado. Debido a la diferencia horaria entre Rusia y Colombia, asumo que este año vendría siendo desde un restaurante. Preveo, por lo tanto, un buen año para el sector de la gastronomía y un alargamiento de la hora de almuerzo en todas las oficinas del país o, simplemente, en ciertas fechas que sean clave, salidas tempranas por parte de los empleadores más prácticos…o tal vez más realistas.
  • Uso de la camiseta de la selección en horario de oficina. Si algo galvaniza este país, es la defensa de la camiseta nacional en un estadio de fútbol. Creo que los dos últimos mundiales han sido buena prueba de ello. Por eso, varios empleadores (entre los que se cuenta el Banco más grande y reconocido del país) aceptaron que sus empleados (tanto de atención al cliente como de administración y apoyo) fueran con la camiseta de la Selección a la oficina cuando hubiera partidos del Mundial. Personalmente, tengo sentimientos encontrados con este requerimiento: por un lado, soy de las que prefiere cumplir con los códigos de vestuario pues creo que la alegría va por dentro. Por otro lado, no deja de ser agradable ver a la gente trabajar contenta e ilusionada con ver jugar a la Selección…y el amarillo es un color muy alegre a la vista, como somos los colombianos.

No es necesario leer entre líneas para saber que le huyo al fútbol. No me gusta y, aunque sé que presta un gran servicio social, tuvo una época muy oscura en este país; y ha sido utilizado con el fin poco loable de distraer la atención de los ciudadanos del país de los temas en los que, precisamente, debería estar enfocada.

No obstante, reconozco que la energía de la ciudad en esos días cambia y veo a las personas más contentas y emocionadas en la calle y en sus trabajos.

This entry was published on February 23, 2018 at 9:00 am and is filed under Vida oficinera. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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