…y locos por los descuentos.

Este día también lo dedicamos a descansar… y a ir de compras, otra vez. Sólo que hoy no iríamos a los Outlet, sino al mall que había justo a las afueras del hotel. Hoy seríamos nosotras las guías de turismo; pues sugerimos a Cami y Jose ir a Target (que Cami no conocía) y a TJMaxx y Ross; nuevos también para los chicos. Las tres tiendas estaban situadas allá; por lo que no nos moveríamos muy lejos del área.

Para este momento del viaje, ya tenemos establecida una especie de “rutina”: todos los días, los chicos (mucho más madrugadores) nos despertaban, y hacíamos el desayuno. Los primeros días, por ser una bomba biológica andante, fui eximida de la preparación de alimentos; pero a estas alturas ya era seguro que ayudara. Comíamos el típico desayuno de Estados Unidos: tostadas, pan, bagels, cereal y huevos con tocineta.

También teníamos la primera ronda de medicamentos para los agripados: oscillococcillum, Vitamina C, DayQuil, Mucinex y, opcionalmente, Acetaminofén y Excedrin (para quiene lo requirieran) eran repartidos a lo largo de la mesa del desayuno; y compartidos para que a nadie la faltaran medicamentos.

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Riendo, llegamos a la conclusión de que, mientras en otros grupos de amigos se pasaban el trago o el porro, nosotros nos rotábamos mejor las pastillas. Justo como los venerables ancianos de treinta años que éramos.

Luego, se establecía la cadena de montaje de los sánduches para el día; y empacábamos en los morrales lo que fuéramos a comer; junto con las botellas de agua. Ante todo el juicio. Para la comida y gastos comunes, establecimos un fondo amplio llamado LaVaca, que me fue asignado. Al pagar llamaban “¡Vaca!” y yo me parqueaba al lado, y mugía al sacar la plata para pagar la cuenta.

Después, al baño. Los que más se demoraban entraban antes; y los ágiles, al final. Así equilibrábamos. Alcanzamos a salir a la hora que habíamos establecido la mayoría del tiempo. Hoy, como ayer, salimos con mucha más calma. Aunque no nos alejamos mucho, sí caminamos bastante, midiendo almacenes y viendo cosas.

Comenzamos por Target; ya que era el almacén más grande y variado de todos. Lo disfrutamos bastante y revisamos muy minuciosamente todos sus departamentos; pues hasta a la sección de Farmacia (como cosa rara) fuimos a dar. Aunque me enamoré de algunas blusas; preferí mejor dejarlas en el almacén. De alguna manera, sentí que en los otras dos tiendas podría haber más variedad.

Salimos con hambre. Era hora de almorzar; y fuimos a dar, sin quererlo, a una barra libre de ensaladas. Mis amigos, que me habían reprendido porque comía poquito, se llevaron una sorpresa. No sólo me serví un plato como una matera; sino que me lo comí con todo el gusto del mundo; y queriendo repetir. Como también había sopas (y pizzas, para Lily y Jose), me serví además una de tomate que estaba deliciosa; y sí pequé con algo de helado de máquina al final.

Luego, fuimos a Ulta. ¡Sí que nos quedamos tiempo allá! Es que había mucho para ver; pues todos tenemos antojos por el maquillaje. A Jose le encantaron unas paletas de colores para su trabajo, las Lalis vieron labiales y correctores; y yo me fui a ver Neutrogena pues me gusta mucho cuidarme la piel. Alcanzamos hasta a comprar un encargo de la mamá de Jose, que estaba en la tienda; y de ahí nos fuimos para TJMaxx.

A los chicos les gustó el sitio. Hay ropa y accesorios muy bonitos, a muy buenos precios. Esta tienda y Ross son de descuentos mayores que otros comerciantes; así que uno siempre puede encontrar gangas muy atractivas. Yo me enamoré allá de un bolso, y reemplacé mi billetera vieja, que ya estaba sacando la mano, mientras los chicos tenían un encuentro cercano del tercer tipo con un bolso peludo que estaba hermoso. Ross, sin embargo, no fue muy del gusto de los chicos: hay demasiadas estanterías y el sitio es desordenado; pero los descuentos son todavía mayores. Encontré en este sitio un antojo que tenía desde hacía días: una camisa de transparencia para usar con algo negro debajo.

A todas estas, ya había caído la tarde. ¿Qué mejor forma de terminar el día, que en la piscina? Iríamos a estrenar las muy, muy cercanas piscinas del hotel y después, en la comida, celebraríamos los treinta años de Cami. Las Lalis habían comprado una champaña en El Dorado para celebrar el viaje y, por cansancio y gripa, no habíamos podido abrirla. La ocasión era perfecta, pues la acompañamos con la torta de chocolate que compramos para nuestro amigo, brindando a su salud. ¡Que sean muchísimos años más!

This entry was published on March 4, 2018 at 11:13 am and is filed under Diario de Viaje, Viaje. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “…y locos por los descuentos.

  1. 🙂 🙂 :), parecían unos pensionados, cargando la farmacia 🙂 🙂

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