¿Un zoo en Disney?

 

Nunca he sido muy amiga de los zoológicos. Entre ver los animales en jaulas y verlos en la T.V., prefiero la segunda opción. Además, soy muy sensible frente al tema de la caza indiscriminada y furtiva; el daño ecológico, el maltrato y el abandono animal. Circunstancias todas que no me hacen parte del target de zoológicos, circos, shows animales y asimilados.

Sin embargo, nos recomendaron con mucha insistencia ir a Animal Kingdom. Que si Pandora; que si las demás atracciones; que si los detalles; que si los ecosistemas…en fin. Nos lo dijeron tantas personas tan distintas que Jose finalmente dijo “Listo. Vamos pues a Animal Kingdom”. Y qué bien que hicimos caso.

Para empezar, las atracciones son súper divertidas. Recomiendo muchísimo los Rápidos de Kali (“Kali River Raipds”), por los cuales iniciamos nuestro día en el parque, justo después de encontrarnos con Julio en la puerta. Con cierta sorna, nos dejó en la fila para encontrarnos después, cuando fuéramos a entrar al musical del Rey León. Al salir, muertos de risa y mojados, nos encontramos de nuevo para ir a la sección de África, a ver el show.

Aquí, un paréntesis: el parque está dividido en secciones: África, Asia, Dinosaurios y Pandora. Cada sección se ambienta en consecuencia; y no es la típica “ambientación cartón piedra”. Aquí se nota un trabajo bien hecho y una investigación muy completa; con detalles en la arquitectura y los colores que son apreciados con facilidad por el ojo conocedor.

Cada sección cuenta con artistas locales; porque los sonidis, además, son parte integral de la ambientación. La música que se transmite por los parlantes es, literalmente, de todo el mundo…aunque a nosotros nos sonó más bien local. Después de una tanda de música africana, sonaron joropos (música de los llanos colombi-venezolanos) y luego, ¡oh, sorpresa! La Pollera Colorá, la quintaesencia musical del Caribe Colombiano:

 

Entre música y baile, llegamos al show del Rey León. Es un espectáculo acrobático con música de la película, muy recomendado para todos. Salimos con Julio, quien además nos propuso participar en un desfile. ¿Cómo decir que no? Así pues, nos dirigimos adonde estaban dando las instrucciones para participar en lo que fue un ejercicio de baile bastante interesante 🙂 Al terminar el desfile, nos despedimos de Julio; quien nos recomendó muy especialmente el Everest, el Safari y, por supuesto, Pandora.

…pero antes, Dinosaurios! Así es: teníamos fast pass para el simulador; que te “lleva” en un viaje en el tiempo, para traer de contrabando un dinosaurio que necesita/quiere un equipo de investigación. La aventura involucra volcanes, tiranosaurios rex y, por supuesto, el momento aquel en que el asteroide hace colisión con nuestro planeta, llevando a la extinción de la especie.

Al salir, quedamos prendados de la “atracción de niños”, una montaña rusa llamada “Primeral Whirl”. Personalmente, me encantó su estética, que recrea las montañas rusas de las Ciudades de Hierro; y los colores pasteludos en los que está pintada son muy llamativos. Ya las caídas sorpresa, los giros y las curvas pronunciadas se encargan de que la imagen de esta atracción pase más bien a ser más retadora de lo que suponíamos; y una de aquellas joyitas perdidas de los parques.

Al salir, apretó el hambre. Valga decir que, al ser el último día de parques y el penúltimo en Orlando, nuestra provisión de sánduches (y nuestra frugalidad) se habían acabado. Habíamos decidido comer en el parque ese día; y nos dirigimos hacia un sitio cercano a la atracción de los donosaurios.

Unas hambuguesas después, salimos a buscar atracciones; pero nos distrajeron los flamingos. Todos amamos esta ave, de brillante color rosado y tan identificada con Florida. Conociendo y preguntando a uno de los guías acerca de ellos, nos regalaron no sólo un sticker, sino también el librito en el que se van acumulando, como “logros” obtenidos después de completar una de las nerdi-actividades durante la visita al parque.

Éstas van desde observación de aves, hasta conocer más de cerca las culturas africanas y asiáticas. Educativo (sin caer en lo peyorativo) para los niños…y divertido para los nerdos amantes de coleccionar cosas, como Camilo y yo. A nosotros dos nos perdieron; pues pasamos el retso de la tarde buscando y consiguiendo los nerdi-stickers que pudiéramos. Uno de los lugares en los que se consiguen varios es en el Sendero de los Gorilas (“Gorilla Trail”). Pudimos conseguir allá el de las Aves, Radio, Gorilas y Culturas Africanas.

Y ya que “estábamos” en África, había que hacer un safari. Así que enrumbamos hacia un recorrido por una parte del parque en la que se recrean perfectamente los ecosistemas de esa parte del mundo.

Mi jefe me había contado con admiración acerca de esta capacidad de Disney; así que ya iba adevertida. Pero constatarla no me hizo admirarla menos. El suelo y las plantas de la jungla y la sabana africana se encuentran más que bien representados. De alguna manera, fue como si me metiera en un documental de National Geographic o Discovery; porque parecía como si estuviéramos ahí.

Ya la tarde estaba avanzada, y se notaba. Cada vez había menos cochecitos de bebé. Y, si bien las filas eran menores que en el día anterior; de todos modos notamos el cambio en la población del parque en cuenato a diversidad, tipo y calidad.

Era momento, por lo tanto, de subir al Everest. Es la montaña rusa del parque. Simula una expedición a los Himalaya, y un encuentro más bien infortunado con el que se cree es su habitante más popular: el Yeti. Como atracción, mezcla perfectamente la anticipación, el vértigo, la velocidad y la sorpresa en un recorrido que por momentos se hace largo; y por otros, sorprendentemente corto. Fue tan, pero tan buena, que la repetimos.

De tanto subir y bajar el Everest, cayó la noche. Era la señal para ¡correr! O sea, correr hacia Pandora, la sección del parque que todavía no habíamos visto. En particular, de correr hacia “Rito de Paso” (“Rite of Passage”), el simulador que tan especialmente nos habían recomendado.

Como nos habían anticipado, la fila a esa hora sería manejable. Por esto, pudimos entrar relativamente rápido al simulador (y digo “relativamente” porque el tiempo de espera en esa atracción es de 3 horas y 10 minutos); el cual no voya  describir porque TODA LA ANTICIPACIÓN ES PRECISA. LA ATRACCIÓN (QUE ES LO MÁS PERFECTO EN LO QUE ME HE MONTADO) VALE TODA LA PENA DEL MUNDO.

No voy a dañar la sorpresa de nadie. Solamente, voy a repetir el consejo que nos dieron: vayan a Pandora. No se lo vayan a perder por absolutamente nada del mundo!

Salimos de ahí, rumbo a la otra atracción de Avatar; la que simula el bosque bioluminiscente. Es muy hermosa también, pero es la “atracción lenta”, así que no esperen tanta emoción como la primera…que, por supuesto, volvimos a repetir; esta vez con una fila bastante más larga.

Finalizamos yendo a un espectáculo clásico del Parque: “Que duro ser un bicho” (“It’s though to be a bug”). Corto, divertido, y con la sorpresa de “sentir” los bichos al final.

Creo que a nadie le daban los pies al salir. Nos habíamos quedado hasta mucho más tarde de la hora de salida del parque. Nos encontramos con Julio, para agradecerle y despedirnos; y de ahí al hotel, donde todos caímos como fulminados.

This entry was published on March 6, 2018 at 8:07 am and is filed under Diario de Viaje, Viaje. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “¿Un zoo en Disney?

  1. Toda una aventura 🙂

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