Emma, o el tedio

¡Jane Austen! ¿Quién diría que leería una de sus novelas? No obstante, como bien lo dice el dicho, uno nunca dice “nunca”; y aquí fui, derecha a leer Emma para mi reto lector de febrero:

reto febrero2

¿Por qué escogí este libro, si Austen tiene títulos más famosos? Pues por eso: porque este es menos famoso; y quería aprovechar la ocasión para ver su obra desde un ángulo distinto a ver si así cambiaban mis prejuicios con respecto a ella. A pesar de las diferencias, me aboqué a asumir este reto con la mejor de las disposiciones; pues quería ver si estaba equivocada.

De entrada, no. Después de leer Emma, mis prejuicios se reafirmaron. La obra de Jane Austen me sigue pareciendo sosa. Es la clase de idealización bobalicona hecha por alguien que no ha conocido otra vida distinta a la que describe; y que en consecuencia juzga lo diferente como peor. Tal es el núcleo de la literatura de Austen: grupitos cerrados de gente de mente estrecha, que se dedican a rajar los unos de los otros sin darse cuenta del ridículo en el que caen. Una clase de vida que, en el mejor de los casos, produce resignación (y depresión) y, en el peor, claustrofobia. Me habría metido un tiro o habría matado a alguien si hubiera vivido de esa manera. Es algo que simplemente no va con mi carácter.

Para comenzar, no me gustan las historias románticas. Tampoco me gustan las heroínas delicadas o con aires trágicos. Siempre he creído que, dentro de nosotras las mujeres, ha habitado por milenios una clase de resiliencia que desearía para sí el hombre más aguerrido y que nos posibilita mantener el tejido social a través del tiempo. Me es imposible, por lo tanto, coincidir con la descripción que hace Austen de nosotras.

En línea con la descripción del grupito cerrado de gente, otro de sus temas recurrentes, casi me muero del tedio con la narración de su vida en ese lugar: todo son visitas, tés y hablar de los demás. Nadie tiene una vida o un entorno lo suficientemente interesante como para que discurran temas diferentes a los mencionados; y todos parecen obsesionados por casarse. Empezamos mal e íbamos peor; pero si les digo que más o menos al tercer capítulo ya tenía figurada toda la trama de este Corín Tellado victoriano, es que todo se había ido a pique, sin lugar a apelación.

Sorry el spoiler; pero para mí fue tan evidente desde el principio que Knightley terminaba con Emma y que Harriet se casaba con el granjero; que todo el desarrollo posterior de la trama se hizo mortalmente aburrido. Cada página que pasaba la sentía como un insulto a mi inteligencia. Austen es clara como el agua desde el principio; cualquiera lo entiende, leyendo entre líneas las conversaciones entre Knightley y Emma. Y la beatificación de Santa Harriet que lleva a cabo la autora durante toooda la extensión del libro, simplemente hace inevitable que termine…¡felizmente casada, justo como terminan las buenas mujeres!

Como siempre (dentro del universo que conozco de Jane Austen), la obra tiene un final feliz. Y, por final feliz, entiéndase matrimonios; idealmente múltiples o en seguidilla. Idealmente en primavera; idealmente entre los personajes principales. Es decir, nada fuera del libreto. Ningún antídoto contra el tedio.

This entry was published on March 12, 2018 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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