La Casa de la Belleza

Aunque La Casa de la Belleza es un libro corto, es indispensable tomarse un buen respiro después de leerlo. Y vaya si lo necesité; pues en sus escasas 284 páginas, hace una denuncia tan extensa e intensa de los males que pueblan la sociedad colombiana, que se hace necesario tomar una gran bocanada de aire puro para pasar el mal trago. Y tal vez, vomitar; porque somos parte de esa maquinaria, lo queramos o no.

Yo no comprendí el frufrú que se armó hace un par de años con este libro en el país. Escéptica como soy a las estrategias de mercadeo de la industria editorial, pensé que era una escritora más que estaban intentando inflar. Nada más lejano de la realidad; pues Melba Escobar no necesita que la inflen. Su trayectoria (reseñada acá y acá) y sus capacidades hablan por sí mismas; como tuve la oportunidad de disfrutar al leer su libro.

En clave de novela negra, la señora Escobar nos lleva…a la peluquería. Pero no a una cualquiera; a una prestigiosa, donde va la gente divinamente de la capital. Precisamente allá, un encuentro anodino entre una de las clientes y Karen, una cosmetóloga cartagenera recién llegada a la ciudad en busca de mejores oportunidades, desata toda una trama de intrigas, sinsabores, prostitución, corrupción, sexo y misoginia de consecuencias impensables.

Aunque el libro es coral (contado a varias voces), la voz principal es la de Karen. Y, más allá de la de Karen, la de muchas mujeres; atrapadas en las dinámicas de dinero y poder de una sociedad indiscutiblemente machista y elitista, como es la colombiana. Así que, básicamente, este libro es la historia de cómo todo puede salir mal; cómo todo puede irse al carajo en un minuto porque somos peones en un juego que muchas veces no entendemos y, más allá de nuestra tragedia personal, a nadie le va a importar si fracasamos o no en él.

El libro está impecable e implacablemente escrito; pues puede percibirse la denuncia social detrás de cada una de las escenas que, a modo de crónica, la autora va introduciendo en la trama. La corrupción, la maldad física y la casi misoginia que retrata la autora con una maestría que revuelve las entrañas, van corrompiendo de forma imperceptible pero duradera un retrato por demás bucólico e idealizado de sí mismo que hace una sociedad en la que campean conceptos como “nobleza”, “familia” y demás valores tradicionales en Colombia, como menciona este artículo de la BBC.

A mí, por el contrario, me recuerda más bien a la sensación de pasar por un basurero después de haberse echado perfume. Sin mencionar que algunos momentos de la historia me hicieron pensar en como este del video de la canción LDN de Lily Allen.

Por todo esto, la trama tenía que tener lugar, precisamente, en una peluquería. En un sitio donde las mujeres van a ponerse bellas; donde la imagen propia importa, pero la satisfacción de la pareja (esposo, novio, amante) importa a veces más. Donde las mujeres exponen todas sus fortalezas pero, al mismo tiempo, sus debilidades más inconfesables. ¿Y a quienes lo hacen? A personas que, como mencionó Maurice Druon en la trama de uno de sus libros de Los Reyes Malditos, “comparten la intimidad de los reyes, pero no su poder”.

¿Y nosotros, los demás, los convidados de piedra? Nosotros bien, muchas gracias por el show.

This entry was published on April 2, 2018 at 9:00 am and is filed under Lectura, Reflexiones Lectoras. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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