Del Dolphin Mall al National Mall

Llegamos a Washington al medio día. Veníamos de Miami; y no sentimos que hubiera habido cambios sustanciales en la temperatura, para ser –supuestamente- otoño. De hecho, encontramos que el clima era muy húmedo y las temperaturas muy similares a las de Miami.

Temiendo al frío, mi papá había metido cubos de panela deshidratada (que hizo rendir todo el viaje) en su maleta de mano; lo que, por supuesto, ameritó una inspección adicional por parte de los oficiales de seguridad. Después de haber explicado el malentendido, y haber recibido como respuesta un blanqueo de ojos como diciendo “estos latinoamericanos” y, sobre todo, haber podido seguir con la panela en la maleta, subimos al avión rumbo a nuestro destino.

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Después de dos horas y media de vuelo (vaya si es grande este país! Lo primero que uno aprende es que las distancias son respetables), aterrizamos en el aeropuerto Ronald Reagan; que está conectado a la red de metro de la ciudad. Así que, tras aterrizar, simplemente seguimos los letreros que señalaban el camino a la estación; por lo que acceder al transporte público no es tarea de titanes.

Allá mismo, en unas máquinas dispensadoras, es posible comprar la tarjeta del transporte público (SmartCard, muy recomendada y necesaria pues sirve para metro y buses) y recargarle saldo. Como vimos un poco extraño el uso de los comandos y de los botones el Jefe de Estación, muy amablemente, nos enseñó a utilizar la máquina, y él mismo la accionó esa primera vez para que viéramos cómo se hacía la compra. Ésta se puede pagar con efectivo; o con el medio de pago favorito en el país: tarjeta de crédito.

Por nuestra ruta (GMaps va a probar ser invaluable en las próximas semanas), debíamos llegar hasta la estación Shaw-Howard, y de ahí caminar 15 minutos hasta la casa donde nos alojaríamos, en el barrio hípster de Bloomingdale’s. El alojamiento probó ser una excelente elección; ya que era cómodo y limpio; cercano a tiendas y restaurantes; y muy bien ubicado en cuanto a transporte público y proximidad con los sitios que íbamos a conocer. Sólo con salir a la puerta, doblar a la izquierda e ir a la esquina, teníamos a disposición nuestro bus favorito, el N°80, para llegar hasta el capitolio. Un recorrido que se tomaba, habitualmente, unos 20 minutos en hora pico.

 Descargamos y descansamos. Y, viendo que podíamos perfectamente salir y comenzar a conocer, tomamos nuestro bus rumbo al Mall Nacional. Éste, al parar, se presenta: dice su número, destino final, se nivela con la acera y, en casos de movilidad reducida, tiene adaptada una plataforma para facilitar el acceso y espacio para sillas de ruedas y caminadores). Así, está garantizado que todos pueden entrar y usar el transporte público.

Por cierto, en Washington éste se cobra por zonas; por lo que, por ejemplo, un tiquete de metro desde el aeropuerto hacia el alojamiento, costaba $3.50; pero el bus N°80 costaba $2.80. Recomiendo acceder a la página web de la autoridad metropolitana de transporte para tener mejor conocimiento. En cuanto a los taxis, una carrera desde el Capitolio hacia Bloomingdale’s costaba en promedio $17. Muy caro en mi opinión; pero los primeros días ese fue el medio de regreso, pues el papá quedaba muy cansado de nuestro ritmo de caminar.

El bus nos dejó en la esquina del Museo Postal, cerca de Union Station. Es ahí donde comienza el Mall Nacional. Alrededor de ese enorme espacio verde convergen el Capitolio, la Casa Blanca, Union Station, los Museos Smithsonian y los monumentos memoriales a Grant, Washington, Jefferson y Lincoln; amén de los de las guerras del Siglo XX del país. Ese será, pues, el epicentro de nuestro viaje los próximos días.

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Al comenzar a caminar por la zona, sentí como si estuviera metida en House of Cards. Casi oía la música de la introducción del programa mientras caminaba y me acercaba a los monumentos. Estuvimos en los jardines del Capitolio; y nos acercamos al edificio de la Corte Suprema. Desde ahí, comenzamos a caminar en dirección al Memorial de Lincoln, para atravesar y conocer todos los monumentos del Mall.

Ya habíamos pasado el Capitolio, el Memorial de Grant (que está en restauración, por lo que no hay agua en su espejo) y nos aproximábamos a la primera intersección, cuando apretó el hambre. Ésta se hizo más acuciosa por la presencia, a todo lo largo de esa calle, de carritos vendedores de comida chatarra. Habíamos llegado un lunes festivo a la ciudad; y los habitantes disfrutaban del buen clima y del aire libre que ofrece el prado del Mall; por lo que había personas haciendo ejercicio, familias y grupos de amigos jugando y pasando la tarde. Gente disfrutando de su ciudad.

Paramos y comimos. Primera sorpresa para el papá: salimos disparados para un carrito de comida árabe. Ni miramos la chatarra que había a disposición; ni los carritos de helado con sus altavoces que, a fuerza de sonar en loop, se hacían aburridores. Ni las opciones de carne.

Seguimos caminando después de comer, pero empezó a pegar el calor. Y fuerte. El sol nos daba de frente y la humedad (que ya nos había sorprendido) nos atacó, magnificando el calor. La ropa se nos pegaba del cuerpo por acción del sudor; y así llegamos al memorial a Washington, lo pasamos y llegamos al de la II Guerra Mundial, que está justo antes del espejo de agua que precede al Memorial de Lincoln.

“Un último esfuerzo” me dije, ya viendo las escaleras cerca. Y, finalmente, llegamos al monumento.

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Ahí, el cansancio se desvaneció. Estar frente a uno de los Presidentes más respetados y admirados de la Historia del país bien lo valía. El lugar lo precede su estatua.

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Pero también están inscritas, en las paredes de las salas adyacentes, las palabras de su Segundo Discurso Inaugural (en español, en este enlace):

Y su famoso Discurso de Gettysburg (en español, aquí):

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Ahora que ya habíamos visto el Mall Nacional (con calor, descansando, como fuera) ya era hora de devolvernos. Sin embargo, ante la sola idea de devolvernos, el cansancio regresó y optamos mejor por tomar un taxi, que nos dejó en la puerta de la casa. Compramos comida en un restaurante cercano, y fuimos a descansar. Bien por un primer día. Mejor por el inicio de un gran viaje.

This entry was published on November 3, 2018 at 9:00 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

2 thoughts on “Del Dolphin Mall al National Mall

  1. Qué lindo es Washington! y qué oportunidad poder conocer todos los museos del Smithsonian!!

  2. Y qué rico con papá, que paga taxi 🙂 🙂

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