La Historia del Loco

octubre1

Uno de mis RetosLectores de este año, y una sugerencia de mi amigo Camilo, quien es un amante de este género.

Lo devoré en algo más de una tarde.Y terminarlo sola, de noche y con los segunderos de dos relojes que tengo en mi cuarto como único sonido en mi casa fue una prueba de resistencia a la neurosis. Pero lo terminé; porque sentía que era imposible quitármelo de las manos e irme a dormir sin saber cómo terminaba.

La trama del libro es emocionante; los giros son muy inesperados y te absorben, si cabe, aún más dentro de la historia; los personajes muy, muy bien trabajados y construidos; la acción completamente creíble y el final emocionante. El tema sí es conocido: unos asesinatos en serie en un hospital mental; pero Katzenbach sabe cómo tratarlo para convertirlo en una historia increíble.

Así que vamos por partes. Comienzo por la construcción de la narrativa. Katzenbach hizo una historia de locos; así que la trama fluye alrededor de los delirios de los locos. El editor recurrió a diferenciar la realidad (y la historia que cuenta el protagonista) del delirio por medio de la tipografía; pero llega un momento en la trama en que ambas se mezclan; y el loco comienza a tener serias dificultades para diferenciar la realidad del delirio; y es algo que, como lector, lo sientes.

Luego están los personajes. Excelentes; todos y cada uno de ellos. Y no me refiero sólo al protagonista; los demás pacientes y personal del hospital (además de los personajes menos recurrentes) son igual de pulidos y tratados. Tienen un arco de desarrollo; tienen características y arquetipos muy bien definidos; y varios tienen una incidencia muy importante en el desarrollo de los acontecimientos y el final del libro.

Uniendo los dos puntos anteriores, surge un tercero: la construcción de la trama policial por parte de los pacientes fue muy brillante. Katzenbach recurrió no sólo a los delirios propios del padecimiento de cada uno para describir los acontecimientos en el hospital. También, a través de sus conversaciones y actividades cotidianas, permitió que fueran sus voces las que construyeran la visión de los acontecimientos; y que fuera el lector el que entrara a juzgarla.

Me encantaron, por supuesto, los apodos y juegos de palabras que hacían en el Hospital. No sólo los que les pusieron a los médicos y enfermeros que los atendían (Tomapastillas -Gulppill, para burlarse tanto de la línea de tratamiento como del apellido del Director del hospital-, Señor del Mal -Evil lord- para el psicólogo, Negro Grande y Negro Chico, para los dos enfermeros y así sucesivamente) sino los que los pacientes se pusieron entre ellos. Bombero, Nappy (Napoleón), Pajarillo, Cleo, etc., son una muestra, para mí, de que incluso detrás de esas paredes (y esos muros mentales) hay una chispa de ese espíritu que nos hace a todos tan humanos.

De los personajes, me encantó el Bombero. Ese no sólo era el único cuerdo del manicomio (había actuado por convicción; y llego hasta aquí para no dañar tramas), sino que era el más inteligente y el mejor sobreviviente de todos. También me encantaron Nappy y Cleo; cada uno en su mundo, pero con chispazos ocasionales de una lucidez tremenda. Y los dos enfermeros, los hermanos Moses, que son la bondad personificada.

Así pues, les comparto una lectura emocionante, con una trama que no te deja respirar tranquilo, y que querrás terminar de una sola vez cuando lo tengas en tus manos.

This entry was published on November 5, 2018 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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