Esta ciudad se hizo para caminar…la

Octubre 16

Nueva York

De nuevo, comenzamos temprano. Ya la temperatura ha comenzado a bajar significativamente; y nos hemos encontrado más veces de las que quisiéramos con las manos en los bolsillos del abrigo mientras movimientos sencillos (como sacar la Metrocard del abrigo y pasarla por el lector de la estación) se entorpecen por acción de las bajas temperaturas.

Comenzamos nuestro recorrido yendo hacia Battery Park. En uno de nuestros recorridos anteriores, encontré la entrada del ferry de Staten Island. Como en su recorrido es posible ver la Estatua de la Libertad, el ferry se convierte en una alternativa atractiva frente a los cruceros turísticos que hay en la ciudad.

Estaba haciendo un frío espantoso cuando llegamos. Por eso, Pipe y el papá optaron más bien por quedarse adentro la mayor parte del recorrido, y sólo salir cuando estuviéramos cerca de la estatua. Por supuesto, no demoraron en hacer chistes acerca de mi resistencia al frío (sobre si “tengo capa de grasa como las focas” o si “soy una gorda de hielo”) y de mi gana de estar siempre tomando fotos.

Llegamos a Staten Island y, como no había mucho que hacer por ahí, recorrimos la isla y nos devolvimos a la ciudad. Llegamos de nuevo a Battery Park, y comenzamos a subir buscando la mítica Wall Street.

De camino está Bowling Green, el espacio en el que se encuentra una de las estatuas más famosas del mundo: el Toro, símbolo de los mercados bursátiles optimistas; que cuenta con una nutrida concurrencia. Y frente a él, una pequeña estatua que quería conocer, y junto a la cual quería tomarme una foto: la Niña Valiente; dedicada a todas aquellas mujeres que se abren paso en los negocios.

La Calle, como se llama coloquialmente, es en sí misma un cruce de calles estrechas, con muchos turistas. Destacan, por supuesto, el edificio de la Bolsa de Valores; y el edificio federal en el que George Washington fue investido como el primer Presidente del país:

De ahí, acompañamos al papá a hacer una diligencia personal a la zona cercana a Wall Street; y de ahí, recibimos la sugerencia de ir a los Muelles 15 y 17 en Manhattan, cerca de ahí, que habían sido reacondicionados como un mirador y sitio de restaurantes y cafés. Era una sugerencia de una persona que había vivido en Nueva York; así que la tomamos. Caminamos unos diez minutos hacia la orilla, y llegamos a los muelles; que, efectivamente, cuentan con una linda vista de la parte baja de la isla (Lower Manhattan).

En nuestro itinerario, además, figuraban ese día Chinatown y Little Italy. Así que tomamos el Metro y fuimos a buscar los más emblemáticos barrios de inmigrantes de Nueva York.

Si bien es cierto que la ciudad es un crisol de culturas, hay algunas nacionalidades emblemáticas: los italianos, los chinos, los irlandeses y los puertorriqueños. Cada uno con su barrio. Los que veríamos eran los más reconocidos; y además, adyacentes uno del otro.

Es decir, tan adyacentes, que cruzando una acera se dejan de ver los letreros en italiano y aparecen los letreros en chino. Una cosa de locos. Sin transición de ninguna clase; pero que me encantó porque muestra la capacidad de convivencia que tenemos los seres humanos; y porque estos ejemplos hacen parte de la vida diaria de la ciudad:

Después de un Gelatto (para horror del papá, que prefirió café caliente), decidimos comenzar a caminar por Lower Manhattan…y ver hasta dónde llegábamos. Nueva York es una ciudad para caminar y recorrer; y quien tome un bus turístico con la idea de conocerla toda, está cometiendo un error. Está bien tomar el bus para conocer los sitios emblemáticos (aunque, en NY, ni eso recomiendo) un día o tal vez dos; pero la esencia de NY es la gente; los sitios a pie de calle que la hacen tan atractiva. Y eso sólo se ve caminando o tomando el metro.

Así que comenzamos a caminar por Soho; tomando la Avenida de las Américas hacia el norte. Pasamos por ese vecindario; por TRIBECA y por el Village; sitios conocidos para todos aquellos que hayamos visto series de TV ambientadas en la ciudad. Estos distritos son las zonas rosa de la ciudad; los lugares que, de día, son tiendas de diseñadores y sitios donde comer cupcakes como Magnolia Bakery (que paradójicamente, vine a ver en Boston) y hacer brunch.

Pero a esa hora, ya caminando, no queríamos cupcakes; queríamos comer. Y entramos a un restaurante llamado Woodrow’s, localizada en el 43 Murray Street, entre Church and West Broadway (teléfono 212 676-0300), donde probamos un solomito delicioso, bañado en una reducción de Jack Daniel’s, que pude acompañar de ensalada césar y brócoli salteado. ¡Una comida balanceada y deliciosa, en pleno TriBECA!

Después del almuerzo, seguimos caminando más o menos unas dos horas más, para bajar el almuerzo; y así, fuimos llegando hasta Chelsea. Después de una parada para tomar café, acordamos que sería mejor dejar por hoy el itinerario listo, y tomar nuestro tren rojo en dirección al Upper West Side.

Viajes en Metro por persona: 3

This entry was published on November 12, 2018 at 10:12 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

3 thoughts on “Esta ciudad se hizo para caminar…la

  1. Te cuidaste con el almuercito! 🙂

  2. No lo había pensado hasta ahora, pero seguro que disfrutarías mucho del último libro de María Dueñas, “Las hijas del Capitán”, que está ambientado en el Nueva York de los años treinta. Saludos!

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