Presionar en la oficina

Hace poco, tuve que enfrentar a alguien, pararlo en seco, hacerle una pregunta de esas directas y contundentes, que los gringos llaman yes/no question; y obtener, por fin, una respuesta, directa. Ese alguien era mi jefe. Y la respuesta que necesitábamos, la instrucción final para proceder con una transacción clave para la oficina.

Primero que nada, quiero ser muy clara y decir que no me alegro ni me enorgullezco de lo que pasó. Francamente, no fue una de aquellas experiencias enriquecedoras del trabajo; no me gustó. No estoy celebrando. Especialmente, porque hubo testigos de la presión que ejercí; así que a mi jefe le quedaba razonablemente difícil salvar la cara.

¿Qué pasó ahí? Que tuve que priorizar la obtención de un resultado (la instrucción) sobre otras consideraciones. Tuve que ser un poquito maquiavélica y presionar a alguien. Y, por lo que me dijeron en mi familia (con una mezcla de sorna, alegría y orgullo) cuando les conté este suceso, a veces pasa. Y mejor que pase antes que después.

El tema, es que era algo realmente importante. Algo muy delicado, que no se puede dejar perder. Por eso, fue que procedí así. Y por eso, es que hoy hago esa reflexión.

En primer lugar, la hago como mujer. A nosotras nos enseñan a ser sugar, spice and everything nice. O sea, que presionar está de plano fuera de lugar. Que yo sea una rebelde y no me ajuste fácil a mandatos sociales es otra cosa; pero la verdad, es que las mujeres que presionamos (así sea educadamente) no somos bien vistas. No nos consideran enfocadas, líderes o asertivas. Nos consideran cansonas; plain and simple.

¡Vaya paradoja! Por un lado nos critican por tímidas, y nos piden que nos empoderemos; pero a las que lo hacemos, nos ponen el gorro y la escoba de brujas.

Un segundo punto para reflexionar, seamos hombre, mujer o algo más, es que a veces (cuando coincide con nuestra ética, cuando es lo correcto por nuestra brújula moral, cuando hay algo importante en juego) el fin sí justifica los medios. Hay que hacer lo correcto, no lo fácil (que habría sido asentir y aplaudir a mi jefe como una foca amaestrada); así lo primero no sea lo más estético. Y proceder. Por eso presioné: porque sabía que, si no lo hacía, no habría nada claro y no tendría una base sobre la cual poder desarrollar el proyecto y alcanzar la meta que hay propuesta.

Porque negocios son negocios; y las metas están para que hagamos todo lo posible por alcanzarlas.

This entry was published on February 15, 2019 at 9:00 am and is filed under Reflexiones Financieras, Uncategorized, Vida oficinera. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

2 thoughts on “Presionar en la oficina

  1. Te lo dije! Estos apellidos no admiten resignación 🙂

  2. Bueno, usted reacciono a una situacion que ameritaba tener caracter . por otro lado un jefe deve tener un alto criterio. me refiero a cuando se dan soluciones que contribuyen a un mejor desarrollo.

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