Canto VII

Otro combate singular fracasado. Parece que esto es como un leitmotiv en la obra de Homero. Ese drama del héroe solitario que con su vida evita el sacrificio de todo un ejército; y del estratega (no muy estratégico) que le apunta al todo o nada confiando en las destrezas de un campeón o de un dios, no me parece una muestra de inteligencia, sino de fatalidad. En fin, vamos con la recapitulación:

Las diosas están decididas a terminar con Tebas. Y por eso, apoyan a los aqueos con todas las ganas. Pero Apolo –que, ya sabemos, está del lado de los troyanos- se encuentra a Atenea en un árbol; y le dice que espere. Que mejor deje que tenga lugar un combate singular (otro más) ya que sabía que Héctor no se iba a morir ese día.

Como siempre, fue Menelao el que aceptó el reto. No sin antes regañar a los aqueos por cobardes; pues el silencio había reinado antes de que él hablara. Por supuesto, los regañó diciéndoles mujeres; porque eso como que era tremendo deshonor para ellos…

…pero Agamenón no dejó que fuera Menelao. Néstor entonces volvió a regañar a los aqueos por cobardes; y les contó la historia de cuando peleó con un héroe cubierto con una armadura hecha por Ares. Así, por fin, se levantaron nueve; y echaron a suerte su participación en el combate. Ganó Ayante. Éste se puso su armadura, y se encaró con Héctor (que siempre se azaró un poquito); y entre los dos se amenazaron.

Pero un consejero intervino, y les dijo que no pelearan de noche (que se iban a serenar) y ambos optaron por frenar su combate y, en su lugar… ¡se dieron regalos!

Como siempre, cerraron los combates con un sacrificio y una fiesta. Y Néstor les dijo que mejor no pelearan mañana; sino que honraran a los muertos y les dieran la sepultura y el tratamiento adecuado. Eso es prudente; no sea que se vuelvan tantos que no puedan diferenciarlos…

Los troyanos, mientras tanto, estaban debatiendo la conveniencia de devolver a Helena; o de pagar un rescate por ella a los griegos. Optaron por ofrecer el dinero (rechazad por los griegos con desdén) y una tregua de un día para recoger a los muertos; punto aceptado por los griegos.

Éstos decidieron erigir una especie de mausoleo protegido por murallas; pero no hicieron los sacrificios para consagrarlo. Así que Zeus se enojó y les terminó a punta de relámpagos la fiesta que habían comenzado.

This entry was published on February 27, 2019 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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