Canto XI: Agamenón

Comienza el día, y comienzan los preparativos para el combate. Homero no es parco en elogios con respecto a las armas de Agamenón: que si un rey le regaló un caso, que si las lanzas son de tal material, que si una cosa; que si la otra. Mejor dicho: nos dejó saber algo así como que Agamenón es el GI Joe de la antigua Grecia…

Mientras tanto, tel campamento va tomando vida y los hombres se preparan también para el combate.  Y empezó la masacre…

El combate de hoy fue relativamente parejo para ambos bandos. Homero hace un recuento de los muertos en un lado y en el otro a lo largo del Canto, así como de la inmovilidad de los dioses; que ese día simplemente veían las armas brillar desde el Olimpo.

Zeus sigue protegiendo a Héctor. Le ordena que se retire y deje que el pueblo combate mientras Agamemnón está en primera línea de batalla; pero que salga si éste no se encuentra. De alguna manera, Zeus sabe del magnetismo que tiene el griego como caudillo; y sabe que Héctor no podrá disuadir con todas sus proezas el coraje que Agamemnón insufla en los griegos cuando combaten.

Así que Zeus retira a Agamamnón, y Héctr regresa a la arena. Y masacra. Y esto se habría convertido en una oda a la retirada griega, si Odiseo y Diomedes no se hubieran apersonado del problema y hubieran arengado a los griegos en favor del combate, dando ejemplo ellos mismos.

Del otro bando, Paris también tuvo un día de héroes; al usar sus flechas con mortal puntería. Acertó nada menos que en el pie de Diomedes; a quien le tocó retirarse del combate.

Quedando solo, Odiseo es hundido por Zeus en el temor. Los escuderos teucros lo rodean pronto, y lo intentan matar; pero Atenea lo protege, y termina él matando al conductor de un carro teucro.

Los griegos ya se han dado cuenta de que falta Odiseo; pero, para remate, les hieren a Macaón el médico. Preocupados, se lo llevan en un carro guiado por Néstor mientras buscan al primero; y se dan cuenta de que Ayante, que ha sido protagonista de varios combates en el libro, se encontraba paralizado de terror; otra vez, por cuenta de Zeus.

Macaón y Néstor llegan a la tienda del segundo, para que atiendan al médico. Llega Patroclo, por órdenes de Aquileo, a ver a quién habían herido. Néstor lo regaña por su apresuramiento y por la irracionalidad de Aquileo en el combate; y Patroclo regresa.

Pero mientras camina, se entera por un noble herido que los griegos se están retirando; precisamente debido al número de bajas y a que de los dos médicos de todo el campamento (!), uno está herido (!!) y otro combatiendo (!!!). Qué dura era la vida antes de la Convención de Ginebra…

This entry was published on March 27, 2019 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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