En la casa de Nausícaa

Esta vez, las aventuras de Ulises toman un cariz más doméstico, veamos estos dos cantos de nuestro Homero:

Canto VII

Llega Nausícaa a la ciudad, y su familia la recibe. Luego, llega Ulises. Atenea se le aparece bajo la forma de una chica, y lo guía hasta el palacio, obligándolo a mantener silencio pues “los feacios no confían en los extranjeros”. En el recorrido, Ulises se admira de la ciudad: su puerto, su plaza y sus edificios.

Llegan finalmente al palacio. Atenea le instruye de nueva a dirigirse primero a la reina. Le cuenta brevemente la historia de la familia, y lo insta a apelar al buen corazón de Areté, madre de Nausícaa, quien es venerada en su familia y su país.

Atenea envuelve a Ulises en una nube, haciéndolo invisible; por lo que puede fisgonear a su antojo todo el palacio. Éste lo sorprende por su lujo; momento que aprovecha Homero para darnos a entender que los dioses han sido más que generosos con ese país: desde las habilidades marineras de los hombres, hasta el par de perros hechos por Hefestos que hay en la entrada del palacio.

La nube se disipa cuando Ulises abraza las rodillas de la reina Areté. Le suplica que por favor le ayude a regresar a su país. Dicho esto, se va humildemente a un rincón; pero los feacios lo instan a tomar el lugar del huésped, y le sirven carne y vino.

Alcínoo da un discurso, donde dice que se ocupará del extranjero, ofrecerá sacrificios a los dioses, y velará porque regresa a su patria, sin importar lo lejos que esté. O que, si es un dios, que disfrute de su hospitalidad.

Ulises le responde que no es un dios sino un mortal; y uno bastante infortunado. Y relata su ausencia del hogar, sus sufrimientos y lo mucho que extraña a su familia. Los feacios beben y comen en su honor; y cuando se ha terminado el banquete, el héroe queda solo con los reyes.

Éstos le piden que les cuente su historia; y Ulises así lo hace, narrando hasta el momento que se encuentra con Nausícaa. Los reyes increpan que no lo haya traído ella misma, pero Ulises les explica los temores sobre la gente mal pensada.

Alcínoo le confirma sus buenas intenciones, y le dice que desde el día siguiente pondría manos a la obra para que pudiese volver a su país. Manda a Ulises a dormir, y los reyes se acuestan también.

Canto VIII

Alcínoo resulta ser un excelente anfitrión para Ulises. Convoca una Asamblea en su ciudad; y dice a su pueblo que escojan a los mejores muchachos para conducir a Ulises a su patria. Que él dará un gran festín para despedir al Rey de Ítaca.

Demodoco, cantante del banquete, hace llorar a Ulises recordando sus hazañas en Troya. Alcínoo se da cuenta, y para evitar la incomodidad del héroe, insta a todos a salir a los Juegos, que van a celebrar como despedida a Ulises. Conforme avanzan los juegos y se van perfilando los ganadores feacios, éstos invitan a Ulises a participar; pero él se niega, aduciendo su tristeza.

Uno de los feacios lo reta y él, furioso, coge un disco pesado y supera todas las marcas; hecho que atestigua Atenea, disfrazada de nuevo, que pone la señal y dice que nadie podrá siquiera alcanzarla. Ahora, es un Ulises furioso el que reta e increpa a los feacios. Pero Alcínoo, prudente, lo calma; le recuerda que los propios feacios son más dados a la paz y al comercio que a la guerra; y le sugiere cambiar las gestas bélicas por las del baile, lo que embelesa al héroe.

Ya más tranquilo, Ulises asiste de nuevo al canto de Demodoco, que ha escogido esta vez los amores de Hermes y Afrodita.

A continuación, Alcínoo propone que todos junten un manto y un talento para Ulises; y que Eurialo, quien lo insultó, le de un regalo de reconciliación. Se sellan las paces y Ulises se dispone a ir a un baño caliente que le ha preparado Areté, después de sellar el cofre en que están puestos los regalos.

Camino al banquete se encuentra a Nausícaa, quien le pide que se acuerde de ella estando ya en su casa.Ulises le agradece, y entra al festín.

De nuevo, canta Demodoco. Ulises le manda un regalo de agradecimiento, y él se inspira aún más, cantando las gestas de Troya y la estratagema del Caballo de Troya. Ulises no puede evitar llorar…y Alcínoo darse cuenta de eso.

el canto termina con el rey pidiéndole a Ulises que cuente su historia, la de Troya y la de sus viajes, lo más detalladamente posible.

This entry was published on October 9, 2019 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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