Viajando al Infierno

Canto XI

El único problemita era que Tiresias estaba muerto. Tocaba bajar al inframundo (como si Ulises no hubiera tenido suficiente de viajes ya), o sea, adonde Hades. Y allá se fue Ulises.

Llegó a los límites del océano, al pueblo de los Cimerios. Allá, en una playa, hacen un sacrificio que les permita ponerse en contacto con Tiresias.

Pronto, los rodean los muertos: ancianos, jóvenes, niños, guerreros y sacerdotes. Están deseosos de tomar la sangre; pero Ulises lo impide (¿cómo? Son muertos…) al menos, hasta que llegue Tiresias.

Entre la multitud de espectros, Ulises encuentra a su compañero de viaje Elpenor, quien le cuenta que murió al caer por un techo del palacio de Circe, y le pide que por favor le levante una tumba y no se olvide de él (porque, como todos sabemos, la peor muerte de todas es el olvido).

Luego, una aparición peor: la propia madre de Ulises. Pero a ella también la corta el camino. No habrá sangre para nadie, hasta que llegue Tiresias.

Éste por fin aparece. Le dice que tiene un dios en contra, lo que va a dificultar su regreso; porque no es sino Poseidón. Le pone una tarea -cuidar los rebaños del Sol- y le dice que se podría pensar en un regreso a Ítaca después de esto.

Sin embargo, le avisa que no cuente con que llega a un remanso de paz: los pretendientes se le están comiendo la casa, y tienen a Telémaco arrinconado. Así que tiene que llegar a poner orden. También le dice que sólo él se salvará en el largo viaje de regreso, llegando solo y arruinado, en una nave pequeña a su hogar.

Asimismo, le predice su muerte (dulce, apacible, ya en la ancianidad) después de haber padecido y haber llegado hasta donde hay “pueblos que no conocen la sal” (interesante concepto de lejanía para un pueblo marinero, como los griegos) y haber hecho allá sacrificios a los dioses. Tiresias se retira, después de instruir a Ulises acerca de que los muertos a los que permita beber la sangre le dirán la verdad, y los que aleje, se escaparían corriendo.

La madre bebe de primera. Le pregunta cómo llegó allá, estando vivo. ¿No habría muerto en la Guerra de Troya? No, la tranquiliza Ulises. Sin embargo, necesitaba consultar a Tiresias algunas cositas y por eso había dado con sus compañeros allá. Pero estaba errante, y necesitaba llegar al hogar. ¿Sabía ella, de casualidad, qué pasaba en su casa?

La madre le cuenta entonces de los sufrimientos de Penélope y Telémaco. De su padre, que sufre por su ausencia y vive austeramente. Se retira, y Ulises sufre, al no poder abrazarla (está en el reino de los muertos, sólo son sombras)…y a continuación llegan las mujeres. Se iban a lanzar cual recua de banshees sobre la sangre, pero Ulises no lo permite y hace que pasen de una en una para poderlas interrogar.

Todas le cuentan al héroe sus orígenes y linaje: Almena (mamá de Hércules) y Megara (esposa de ese héroe) entre otras varias damas del jet-set de la Hélade: Leda, Fedra, Ariadna y muchas más hijas y esposas de héroes.

Ulises termina aquí el relato a Alcínoo y Areté; y éstos le juzgan honrado. Le dicen que espere a mañana, que se quede para ellos poderle reunir regalos. En un aparte, el rey le pregunta si no habrá visto, de casualidad, algún héroe de Troya entre los caídos. Éste responde que Perséfona dispersó a las mujeres y trajo a los hombres.

Le habló de Agamenón, y de las circunstancias de su muerte a manos de su esposa y su amante, tras haber llegado victorioso de Troya. De su tristeza por haber muerto por la perfidia de su esposa, y se preguntó si acaso no habría una maldición contra su linaje por el crimen de Helena. También está muy preocupado pues no pudo ver a su hijo Orestes, y no sabe dónde vive. Ulises no ha visto a Orester, y no puede tranquilizar honradamente al rey. Ambos lloran; y entonces llega Aquiles.

Ulises intenta consolar al héroe por su muerte; pero éste es intratable. Se lamenta de no existir; y prefiere desviar la conversación hacia su padre y su hijo: ¿viven aún?¿Están bien?

Sobre Peleo, Ulises tampoco lo sabe.Pero sí le puede contar las hazañas de su hijo Neoptolemo, lo que lo llena de orgullo. De alguna manera, se siente viviendo en otra persona. Se aleja, y Ulises ve a Ajax, todavía enojado con él, en un aparte. Lo llama, y procura hacer las paces; pero Ajax se va. Sigue enojado…

Luego ve a Minos, a Orión, a Titio, a Tántalo, Sísifo; y le describió los tormentos o placeres de cada uno. Finalmente, la imagen de Hércules le habló. Le dijo que él también había sufrido, y le recordó sus hazañas.

De repente, Ulises siente miedo y, aunque le gustaría encontrarse otros héroes, cree que lo más prudente es salir de allá. Así que más bien recoge a sus amigos y se va de forma abrupta.

This entry was published on December 10, 2019 at 4:53 pm. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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