Se acerca la hora

En este mundo, la venganza es un plato que se sirve frío. Por eso Homero ha esperado hasta el final-final para que podamos ver salir en desbandada a los pretendientes. Pero antes…

Canto XXI

…es la hora del juego. Ulises solía, en sus tiempos de rey, hacer un juego de tiro con arco que consistía en hacer pasar una flecha por entre doce hachas puestas en filas. Quien lo consiguiera, ganaba. Así de simple…¿o no?

Pues parece ser que no; porque ninguno de los pretendientes logró siquiera tensar el arco que presentó la propia Penélope para tal fin; ya que el premio era, precisamente, ella.

Atenea le había dado la idea de un certamen preliminar a otro más entretenido que ya prevemos: un concurso de arco entre los pretendientes, con el fin de ver quién habría de casarse con ella. Con Telémaco haciendo de animador, los pretendientes van intentando uno tras otro; con los funestos resultados antes descritos.

Mientras tanto, Ulises hablaba con los sirvientes. Encontró quiénes le eran fieles, y quienes no; siendo más numeroso el segundo grupo.

Se iba a declarar desierto el torneo cuando Ulises pidió presentarse al mismo. Los pretendientes -que lo habían intentado todo- no lo podían creer; pero Penélope intervino y dijo que por qué no. Que ella autorizaba. Telémaco también insistió; y finalmente el porquerizo le pasó el arco a Ulises.

Ulises miró el arco con cara de alelado; lo giró, lo remiró…y lo armó con facilidad. Y acto seguido, lo tensó. Y luego, disparó.

Y la flecha pasó por entre los doce agujeros. Ulises había ganado el torneo.

Dirigió unas palabras atestiguando su victoria a Telémaco, quien se puso en pie, ya armado.

Canto XXII

Llegó la hora. Los pretendientes van a ser masacrados.

Padre e hijo, de pie, funcionan como una perfecta máquina de matar: atraviesan gargantas, cercenan miembros y atraviesan hombres, mientras las paredes de su palacio se tiñen de rojo; de sangre y de vino.

Los pretendientes intentan, vanamente, aplacar a Ulises; y le ofrecen bueyes y oro. Le prometen reparar el daño cometido. Pero Ulises está intratable: volvió el señor de la casa, y aquí no hay componendas.

Los pretendientes se dan cuenta, y procuran buscar una salida. Pero Ulises ya la tenía cubierta por el porquero.

Entonces deciden armarse. Pero el cabrero -el que había insultado a Ulises- va a buscar las armas…y las encuentra. Pero Eumeo sale detrás como loco a buscarlo, con la orden de atarlo de forma dolorosa a una viga si opone resistencia.

Mientras tanto, Eumeo, el boyero, Telémaco y Ulises van enfrentando y matando a los pretendientes. Y, cumplida la revisión de los enemigos muertos por parte de los hombres, Ulises pide a Telémaco que haga venir a Euriclea; a quien piden que diga cuáles mujeres no son fieles a Ulises.

Las ahorcan, y desmembran a Melancio. Acto seguido, piden a Euriclea que traiga azufre y demás productos de limpieza, para sacar las malas vibras y la sangre del lugar; y después, hacer bajar a Penélope.

 

 

This entry was published on December 26, 2019 at 9:00 am. It’s filed under Lectura and tagged , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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