¿Líderes o reyes?

Hace unos días, me enteré como una incidencia acerca de alguien que había perdido un excelente trabajo por no haber cedido algunos de sus beneficios corporativos.

Y, con esto, no me voy a comenzar una perorata hablando acerca del estado de la desigualdad; pues quiero centrar mi perorata -en eso sí no se equivocaron- en aquellos beneficios corporativos desmesurados, el ego que implican para quienes los reciben y la presión que imponen sobre las compañías que los pagan.

Porque, además, la compañía que le había ofrecido ese paquete de beneficios no estaba pasando por un buen momento. Es decir, mientras unas dependencias (casi todas) se apretaban el cinturón y buscaban ser eficientes en su manejo de los recursos asignados, nuestro protagonista se negaba a disminuir o racionalizar los gastos asignados a su dependencia; lo que, por supuesto, no le incurrió en el beneplácito de la nueva Junta.

Es cierto que un beneficio -o un paquete de ellos- busca incentivar no sólo el desempeño de un ejecutivo, sino su permanencia a largo plazo en la compañía, volviéndose un lugar atractivo para trabajar; y así retener talento humano de la mejor calidad. A eso aspiran todas las Juntas Directivas, Presidencias y Departamentos de Recursos Humanos, ¿no?

…pues…es complicado; porque es en este momento donde comienzan a gravitar la Ley de Rendimientos Marginales Decrecientes y los Incentivos Perversos, un par de conceptillos económicos que ayudan a explicar la paradoja:

Por un lado, está la Ley de los Rendimientos Marginales Decrecientes; que se puede explicar como la satisfacción cada vez menor que un agente económico obtiene a lo largo del tiempo al añadir factores productivos a un bien o servicio.

Dicho de otro modo: cuando uno se come la primera porción de torta de chocolate, uno siente que fue al cielo. Con la segunda, de pronto no tanto. La tercera, ya da un poco de cansancio, lo que aumenta al llegar a la cuarta. Y, para la quinta porción de torta, ya la comida está cogiendo ribetes de tortura…y creo que ya me entendieron…

Con los beneficios, las empresas corre el riesgo de que pase lo mismo: al principio pueden ser el cielo, pero luego la gente ya se acostumbra y los ve como parte del paisaje (o, peor de sus presupuestos o finanzas personales); lo que me lleva a…

…los Incentivos Perversos, que no es otra cosa que un incentivo que comienza con muy buenas intenciones, pero que genera unas consecuencias que pueden ser contrarias a las intenciones con las que se creó el incentivo.

En nuestro caso, implicaría que las personas harían todo (todo) cuanto estuviera en sus manos para mantener sus paquetes de beneficios y su estatus social; lo que implica que, a grandes rasgos (y ojo: siempre siguiendo la mentalidad del incentivo perverso; aunque de muchos son conocidas las historias de ejecutivos que exceden las expectativas año con año o que trabajan con mucho tesón para conseguir metas), los paquetes de beneficios no asegurarían que los ejecutivos superen o excedan las expectativas de las Juntas; sino que cumplan con unos estándares mínimos que les permitan seguir manteniendo sus paquetes de beneficios.

Dicho en español: estos dos conceptos explican que hay gente que espera a llegar a “velocidad de crucero” en sus carreras para mantener un régimen de beneficios que ya consideran paisaje (que es suyo, lo que implica que se sientan ofendidos porque se les retire; así la compañía no esté bien) y que además les permita vivir de forma cómoda. ¿Cómo la ven?

Pues personalmente, lo veo perverso. A mí me enseñaron mis papás (y más tarde lo vi con mi jefe) que “hay posiciones que implican actitudes“, y que la posición de administrador de una empresa es una de ellas. Muchas veces, hay cosas que uno no quiere hacer; pero que hay quehacer, solamente para dar ejemplo a los demás, o para mostrar el camino de lo que es correcto para los demás.

En ese orden de ideas, crecí escuchando que el último sueldo que se paga es el del Administrador; o que los primeros beneficios que se disminuyen o se retiran son los de éste. Del Administrador se espera que dé el ejemplo y que muestre el camino a los demás estamentos y grupos de interés de la Compañía.

Por eso nos llaman líderes; no reyes.

This entry was published on January 3, 2020 at 9:00 am and is filed under Reflexiones Financieras, Vida oficinera. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “¿Líderes o reyes?

  1. Así es. Es el gran peligro de los bonos por cumplimiento. Adicionalmente, ocurre que se retengan gastos o se implementen procesos que físicamente terminan afectando el cliente y a los mismos empleados, solo para obtener unos resultados que lucren los bolsillos de los responsables sin importar si la empresa puede sostener el nivel de pagos por bonos o si los clientes finalmente terminen por buscar otra empresa que piense más en ellos y ni qué decir de los empleados que talvez prefieran callar para conservar su puesto a costa de la motivación y el sentido de pertenencia. Creo que es una posición corto-placista de parte de quienes reciben los bonos, pues terminan matando la gallina de los huevos de oro.

Leave a Reply to Tiaviajera Cancel reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: