Pánico

El miércoles de esta semana amanecí con el manicomio más alborotado que de costumbre. Para ser más precisos llegué a la oficina, prendí el computador y encontré esto:

Todo porque, al parecer, los rusos no se quisieron acoger a un corte de producción propuesto por los sauditas en la OPEP, y los de Riad decidieron responder reventando el precio a como diera lugar; llevándose a un mundo turbulento, globalizado, virulento y con cadenas de abastecimiento sofocadas gracias al coronavirus por delante. De ahí el efecto sobre el peso colombiano que nos llevó a decir…

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Comencé a recibir mensajes de mi familia y mis colegas en WhatsApp. Sí, sí he visto lo que pasa. Sí, ya vi que esa acción se cayó 20% y que la NYSE está quieta mientras la gente recupera la cordura. Sí, ya vi que además se declaró el primer caso de coronavirus hoy en Medellín. No, la mejor idea en este momento puede ser -de hecho- no moverse: quedarse muy quieto (como en el cuento del pollito y las vacas) o comprar lo que esté siendo castigado, si uno se siente agresivo o quiere salir a buscar valor, como es el caso de la oficina:

  • Evaluamos invertir en Europa o Suramérica.
  • Evaluamos invertir en sectores golpeados como transporte, logística y medicamentos genéricos.
  • Evaluamos invertir en petroleo.

Pero en otras instancias, sí lo olí. Me refiero al hedor del pánico: ese aroma acre de temor, que corre como la pólvora entre las personas, y que es acentuado por los mensajes tan poderosos y las barreras psicológicas de precios que se cruzaron hoy. Estábamos a momentos de que eso estallara o (a mi modo de ver) empeorara el estallido.

Así que hice un llamado a la cordura del tipo hijuep*toso: “Que paren la rueda, se tomen tres guaros, llamen a mami y sigan trabajando. No se va a acabar el mundo; la vida sigue y los piojos también están catalogados como pandemia; no todas las pandemias son la Peste Negra. Que más bien dejen de morirse del miedo y dejen trabajar a los que administramos a largo plazo“.

Me disculpo por lo que parece una falta de empatía; pero hay pocas cosas con las que transija menos que con los comportamientos irracionales, los efectos de manada y el consumo de información sin sentido crítico. Y el mercado actuó justo así, como un animal.

Como he dicho: contra el miedo, información. Y de la verídica; de la confiable. Dediqué buena parte del día a perseguir noticias, a participar en llamadas -de Goldman Sachs, BTG y JP Morgan- relacionadas con la jornada bursátil, la presión sobre los mecanismos de transmisión entre el sistema financiero y la economía real (tasas de interés, bonos de tesorería, políticas públicas) y qué valor e información se puede obtener de lo ocurrido hoy.

Porque, ahí les dejo el dato, no es casualidad que Warren Buffett (una de las personas más informadas del Gremio) sea una de las personas que más lee en el Gremio; y que al mismo tiempo ha estado comprando acciones de Delta Airlines en las últimas semanas.

 

This entry was published on March 13, 2020 at 9:00 am and is filed under Filosoraptor filosofando, Vida oficinera. Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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