…y se van dando las cosas…

Este año nos deja dos lecciones:

  1. Una cosa piensa el burro, y otra quien lo está enjalmando
  2. Las cosas pasan cuando es posible que pasen; y no cuando nosotros queremos que pasen. Siempre habrá un espacio para el caos, y éste muy bien puede materializarse.

En ese orden de ideas parece ser, parece ser, que hemos rescatado nuestro viaje a San Andrés y Providencia. Si el Coronavirus lo permite, vamos a recibir el próximo año -el cual esperamos que sea más tranquilo- por allá, oyendo el sonido de las palmeras y sintiendo el aire de mar.

Y lo rescatamos de la forma menos pensada.

Estábamos hablando un día acerca de nuestros prospectos para esta fecha -que no variaban mucho respecto a los años anteriores para los tres: nada muy diferente a estar en Medellín- cuando, de repente, recordamos que teníamos el viaje pendiente y no habíamos hecho ningún cambio pues siempre algo se nos había atravesado cuando designábamos algún puente en el año; y no habíamos llegado nunca a hablar con las aerolíneas.

¡En menos de cinco minutos estábamos llamando a servicio al cliente!

Nos contestaron media eternidad después, pero valió la pena. Esperábamos que la aerolínea:

  1. Tirara chuzo y dijera que debíamos pagar un cambio de mucha plata más.
  2. Se negara de plano a cambiar los pasajes aduciendo que la fecha -31 de diciembre- estaba por fuera de cualquier reglamentación, promoción o gestión de servicio al clientes.
  3. Lo hiciera, pero pusiera mucho problema y tuviéramos que pelear el cambio.

No pasó nada de eso.

El empleado, amablemente, nos confirmó que solamente había un cambio en la ruta principal (MDE-SAI-MDE) porque ahora debía hacer una escala de unas horas en Bogotá. ¿Eso es todo? Sí, eso era todo, respondió él. OK, dijimos. ¿Entonces viajamos los tres? Sí, viajan los tres, nos respondió, y procedió a confirmar los nuevos tiquetes y enviarlos por correo electrónico.

No podíamos creerlo. Esa estaba fácil. Sospechosamente fácil. ¿Nos llevaríamos una sorpresa con la siguiente gestión?

Lo sabríamos al día siguiente. Mientras tanto, nos pusimos a revisar los posibles hoteles en San Andrés -por si no había posibilidad de viajar a Providencia, porque el catamarán como opción estaba descartado- y, tras escandalizarnos con los precios para las noches en que estaríamos allá y pensar en la conveniencia de perder los tiquetes; decidimos reservar de nuevo en la misma Providencia, cruzando los dedos.

Pues al día siguiente tuvimos una sorpresa, y de las agradables.

Había enviado un correo electrónico a la segunda aerolínea adjuntando la reserva y solicitando el cambio y las frecuencias que necesitábamos; y a vuelta de correo recibí los nuevos tiquetes, tal como los habíamos pedido, y la misma respuesta/advertencia de la primera aerolínea: este cambio no tiene costo para ustedes porque es el primero y lo hicieron con sus tiquetes comprados antes de la pandemia. El próximo se cobra.

Nosotros, que nunca habíamos salido de una de estas situaciones sin haber dado un número de tarjeta de crédito, no dábamos crédito. Así que, por el momento, sin cantar victoria pero con optimismo -como diría Joe Biden- vamos que vamos a San Andrés y Providencia.

This entry was published on November 11, 2020 at 9:00 am. It’s filed under Diario de Viaje, Viaje and tagged , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “…y se van dando las cosas…

  1. Qué rico que organizaron el paseo a San Andrés ! Vas con Rodrigo?

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